Cómo las ideas económicas de Rushdoony podrían cambiar el mundo

By Ian Hodge

“Despersonalizamos el mundo: encontramos más fácil tratar a las personas de manera impersonal. Hablamos de problemas “laborales” y “de gestión” cuando deberíamos estar hablando de personas creadas a la imagen de Dios. Hacer eso, es decir, verlas como personas, le da una dimensión religiosa a la situación, no una dimensión científica. Nos requiere mirar la economía desee una perspectiva bíblica, y ver todas las cosas de la vida como requiere Dios que las veamos. Hemos devaluado la vida y la gente, y necesitamos ver de nuevo todas las cosas en los términos del Señor y de su Palabra y ley”.

(“Our Business World,” Journal of Christian Reconstruction, Symposium on Christianity and Business, Vol. 10, No.2, 67.)

¿Qué tipo de mundo económico crearía la Biblia? Esa es la pregunta que viene a la mente cuando uno lee los escritos de R. J. Rushdoony. Es evidente que su llamado a volver a la Biblia completa tendría un impacto grande en la economía y los negocios, pero ¿qué clase de impacto?

Considere la opinión de Rush sobre el dinero y la inflación, expresada en su libro Larceny in the Heart (Hurto en el corazón). Eso realmente llega al quid de la cuestión: la actitud del hombre hacia el dinero.

Fuera de Cristo estamos gobernados por el hurto, dice Rushdoony, no por la ética bíblica. Ahora bien, hurto es una palabra que ha salido del uso popular, pero que significa esencialmente “apropiarse y enajenar ilegalmente la propiedad personal con la intención de privar permanentemente de ella al propietario legítimo”.  En el concepto de Rushdoony, la ilegalidad de eso no está dada en términos de la ley del hombre, que en realidad estimula el hurto, sino en términos de la ley de Dios, que lo prohíbe.

Usted podría pensar que eso no es una descripción en la cual encaja personalmente, pero el contexto de este comentario de Rushdoony es el dinero, y el dinero involucra cuestiones de inflación y deuda. Ahora bien, nada describe mejor nuestras economías occidentales que la palabra deuda, y no podremos entender los altos niveles de deuda hasta que nos percatemos de cómo la deuda es el vehículo principal de la expansión monetaria, de la inflación

La inflación, sin embargo, es un medio para quitar la riqueza de un grupo de personas y  entregarla a otro. Las víctimas de la inflación o tienen alternativa en el proceso. Pierden el valor de su dinero cuando este es transferido, en el proceso inflacionario, a otros. Rushdoony tiene razón: eso es hurto.

Considere la compra de una casa hoy con una hipoteca de 25 años. Si la casa cuesta $150 000, usted terminará pagando al menos el doble de esa cantidad para el momento en que el interés es añadido. Ahora, llega el momento de vender la casa ¿y qué precio va a pedir usted? Pedirá la cantidad suficiente de dinero para cubrir el precio original de adquisición más el interés. En otras palabras, usted espera que los precios de las casas aumenten, para no perder dinero. Pero los precios de las casas son aumentados más por la inflación monetaria (o sea, la expansión del crédito) que por muchos otros factores en múltiples instancias.

Es sencillo ser indiferente en este asunto. Es fácil que no le importe a uno de dónde el siguiente comprador sacará el dinero para comprar nuestra casa. Si tiene que incurrir en una hipoteca mayor y a más largo plazo, pues adelante. Ese es su problema.

Pero es también nuestro problema, porque nos hemos creado un interés personal en la expansión del crédito, de manera que no perdamos dinero por la compra de la casa. Y eso, dice Rushdoony, es tener un interés personal y financiero en la continuidad de la inflación

Si usted entiende este punto, entenderá cuán radical es el pensamiento económico de R. J. Rushdoony con su llamado de volver a la Biblia.

¿Cómo sería el mundo de la economía si Rushdoony se saliera con la suya y todos nosotros viviéramos según la ley de Dios? Considere tan solo dos aspectos claves del Antiguo Testamento: el principio del sábat y Levítico 19:13b: “No retendrás el salario del jornalero en tu casa hasta la mañana”.

Piense en las implicaciones prácticas de este versículo. Todos los días los propietarios de negocios tendrían que pagar a sus empleados. En contraste, el sistema actual les permite a los empleadores acumular los salarios y el proceso continúa una semana, dos semanas, o incluso un mes.

Pero ¿está limitado este versículo a los empleados directos? ¿No se aplicará también el principio  a todos aquellos cuyos bienes y servicios usamos?

Ahora hemos tocado otra llaga del mundo del negocio, las cuentas por pagar. ¿Cuántos propietarios de negocios no hacen uso del dinero de sus suministradores al pagar en 45, 60, 90 o 120 días? Solo cuando la amenaza de reclamaciones se hace real es cuando pagan los propietarios.

Pero en el mundo moderno es casi una virtud extender las cuentas por pagar lo más que se puede, e insistir al mismo tiempo en que las cuentas por cobrar se paguen a tiempo. ¿Es este un caso de doble moral? Yo creo que sí.

Pero aquí vemos que la deuda es un modo de vida. Es tan “normal” para nosotros vivir así, que leemos la Biblia, y en especial el Nuevo Testamento, como una reliquia arcaica que es muy difícil que estuviera dirigida al mundo moderno. De hecho, es fácil ver que el mundo modero tal y como lo conocemos no existiría si las gentes del pasado hubieran vivido según la Biblia

Así que pagamos nuestras cuentas cuando nos conviene y no cuando estamos moralmente obligados a hacerlo. Al hacer que los empleados aplacen el cobro de sus haberes unos pocos días, los propietarios de negocios usan ese dinero para otros propósitos. Y después nos preguntamos por qué tantos empleados son perjudicados financieramente cuando sus empleadores terminan en bancarrota.

Por ultimo, considere las leyes sabáticas. Entre muchos cristianos se mantiene el principio del día sabático. Pero no estoy tan interesado aquí en el día sabático como en el año sabático. Eso se  enseña en Levítico 25:1-7.

En este pasaje, la instrucción para el uso del año sabático es el descanso. La tierra tenía que descansar un año de cada siete, con la promesa de Dios de que la productividad en los seis años les daría a los israelitas para vivir el séptimo año. También les daría para vivir más tiempo, pues el año ocho empezaría con una siembra que no se cosecharía hasta más adelante ese año o incluso al año siguiente.

El concepto del año sabático, sin embargo, es ampliado en Deuteronomio 15:1-18 con el concepto de la liberación. Esas dos ideas, el reposo y la liberación, describen el cuadro de cómo Dios  concebía al año sabático: un año de descanso para la tierra y sus trabajadores, y un año de liberación de las deudas

Note, sin embargo, que el pasaje de Deuteronomio no es una instrucción para que los  que piden prestado queden libres de deudas al cabo de seis años. Es una instrucción que dice a los que prestan que deben cancelar todas las deudas que tienen con ellos en ese año. Y además, no debían endurecer sus corazones para no dar prestado solo porque se acercara el año de liberación.

Es interesante que el concepto del año sabático todavía tenga sus rezagos en las universidades del mundo, en las que los profesores obtienen su año sabático. En el caso de mis amigos profesionales de Aurelia, es además ¡con toda la paga!

Pero es fácil ver cómo el concepto del sábat, si se aplica en la comunidad en general, cambiaría la cultura de forma dramática. Por ejemplo: piense cómo el año de liberación afectaría a cada institución crediticia si se aplicara hoy este principio. Imagínese lo que haría con los precios de las casas, la expansión de los negocios y a una hueste de otras actividades que tenemos hoy que no son gobernadas por este concepto.

Nuestra dificultad es que imaginar eso es darse cuenta de que la introducción de la ley bíblica en la economía afectará a cada persona. Los precios de las casas, por ejemplo, se esperaría que declinaran. Igual sucedería con muchos otros precios. Y difícilmente nadie esté preparado para asimilar las caídas de precios. Se nos ha dicho que los aumentos de precios indican una economía en crecimiento, mientras que lo contrario es lo cierto. Lo que hace falta son precios en declive.

Podemos incluso imaginar la  extensión del año sabático al principio del jubileo (Levítico 25:9-4). No era posible desheredar a la familia de su tierra. Por tanto eso ponía un freno a la actividad económica. La cultura contemporánea no conoce ningún mecanismo parecido para frenar la economía y proteger a las familias de una pérdida económica perpetua.

El año jubilar naturalmente creaba otro “problema” que no le cae bien al hombre moderno. El año jubilar seguía a un año sabático y era otro año sabático. Dos seguidos. Ahora el problema de la producción se ve difícil. Debe haber suficiente producción para que dure dos años consecutivos, más el siguiente año en que se comienza a plantar y a cosechar. Un “sabático” de dos años consecutivos cada cincuenta años. Lo nunca visto en nuestra vida.

La visión de Rushdoony de una economía basada en la Biblia está por tanto a una larga distancia de llevarse a cabo. El inicio de semejante visión debe proceder de los líderes de la iglesia y de los cristianos que tienen la visión de hacer cambios en sus propias vidas. La dificultad aparente de instituir esas leyes es a menudo la excusa para no implementarlas. El problema aparentemente no somos nosotros, sino Dios, por hacer leyes imposibles.

Pero hay un lugar  donde es fácil empezar. Hay otro aspecto de la Biblia que Rushdoony alienta que sea un paso en la dirección correcta. Es el diezmar. Este sería un primer paso, bastante fácil de dar, para empezar a vivir según la Palabra de Dios.

Diezmar tiene más de un aspecto, como sostiene Rushdoony en su libro Tithing and Dominion (El diezmo y el dominio), escrito en colaboración con E. A. Powell. Entre otras cosas, el diezmo se usaba para celebrar la bondad de Dios para con nosotros y también para ser una bendición a otros que tenían necesidad. (Ver Deuteronomio 14:22–29.)

Aquí se halla una clave importante. El diezmo simboliza nuestra obligación para con Dios con nuestras finanzas. Darle a Dios a primera porción de nuestro ingreso indica nuestro compromiso con Su Palabra y comienza el proceso de cambio en nuestra vida.

Está claro que una persona no puede cambiar al mundo. Pero estamos llamados en primer lugar a cambiar nuestras propias vidas y a gobernarnos de acuerdo con la Palabra. Y  si pudiéramos lograr que suficientes personas hicieran este compromiso inicial y cambiaran, entonces algunos de los otros asuntos más difíciles comenzarían a ocupar su justo lugar.

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