El deber bíblico de la Milicia

By Judd Wilson

Cuando las naciones extranjeras atacaban a Israel en el Antiguo Testamento, los hombres de Israel tenían que pelear por algo más que “mi país”. Es cierto, como han señalado muchos comentaristas, que los enemigos de Dios querían destruir a Israel para destruir a los antepasados del Mesías. Eso seguramente que motivaba a los israelitas. Pero en el colmo de su rebelión contra Dios, los enemigos de Israel se dispusieron  a hacer más que eso. Se disponían a esclavizar, asesinar, violar y robar al pueblo de Dios. Levítico 26 y Deuteronomio 28, así como los registros bíblicos de los asedios, guerras y exilios de Israel, lo dejan bien claro. La guerra significaba que las vidas y la libertad de las mamás, papás, hijas e hijos de Israel estaban en juego.

Israel enfrentó está crisis inmediatamente después de salir de Egipto. Deuteronomio 25:17-19 dice que los amalecitas “No tuvieron temor de Dios”, porque “atacaron por la espalda a todos los rezagados” (NVI), que Juan Calvino y Matthew Henry nos dicen que eran los débiles y los enfermos de la procesión del éxodo. Como magistrado civil, Moisés y los ancianos de la república de Israel tenían la obligación de defender a su pueblo con la espada. Romanos 13:3-4 nos dice que esta espada es portada por el gobierno civil, que es servidor de Dios para alabar a los que hacen el bien y “está al servicio de Dios, para impartir justicia y castigar al malhechor” (NVI).

En Éxodo 17:9-10 y en el versículo 13, se nos dice que, fiel a su deber, “dijo Moisés a Josué: Escógenos varones, y sal a pelear contra Amalec.... E hizo Josué como le dijo Moisés .... Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada”. Este pasaje registra cómo los israelitas prevalecían cuando Moisés tenía sus manos levantadas, y cómo Aarón y Hur lo ayudaron con esto hasta que la batalla se ganó. Dios usó a Moisés para salvar a Su pueblo.

Pero la Providencia también usó un ejército para destruir a los amalecitas en aquel día. Sin Josué y sus tropas, los israelitas hubieran sido masacrados, saqueados y extinguidos para siempre. Entonces surge una pregunta: ¿Quiénes eran esos heroes que salieron en defensa de sus parientes y de su nación? ¿Quiénes formaban las compañías y regimientos del ejército de Josué? ¿Quién esgrimía las armas contra los enemigos del pueblo de Dios? La respuesta es la milicia. En el  primer capítulo de libro de los Números, Dios le ordena a Moisés hacer lo siguiente:

Tomad el censo de toda la congregación de los hijos de Israel por sus familias, por las casas de sus padres, con la cuenta de los nombres, todos los varones por sus cabezas. De veinte años arriba, todos los que pueden salir a la guerra en Israel, los contaréis tú y Aarón por sus ejércitos. (Números 1:2-3)

En el primer tomo de su Commentary on the Whole Bible (Comentario de la Biblia completa), Matthew Henry menciona estos versículos de Números, y dice:

 (1.) No se contaba nada más que a los varones y de ellos solamente a los aptos para la guerra. Ninguno menor de 20 años, porque, aunque algunos pudieran haber tenido el desarrollo y fortaleza suficientes para el servicio militar, por consideración a su tierna edad Dios no los hubiera obligado a ceñir las armas. (2.) Tampoco debían ser censados los que a causa de la edad, o de debilidad corporal, ceguera, cojera o enfermedades crónicas, estaban incapacitados para la guerra. Como la iglesia es militante, solo aquellos que se han alistado como soldados de Jesucristo pueden considerarse verdaderos miembros de ella, porque nuestra vida, nuestra vida cristiana, es una guerra. (3.). El censo debía hacerse por sus familias, para que pudiera saberse no solo cuántos eran, ni cuáles eran sus nombres, sino a qué tribu y familia o clan; es más: a qué casa en particular pertenecía cada hombre; o reconociendo que era el reclutamiento de un ejército, a qué regimiento pertenecía cada hombre, para que él mismo pudiera saber su lugar y el gobierno pudiera saber dónde hallarlo.

El Diccionario Americano del Idioma Inglés (American Dictionary of the English Language) de Noah Webster, de 1828, describe a este grupo de gente. Una milicia es definida como:

El cuerpo de soldados de un Estado, enrolados para disciplina, pero no dedicados al servicio real excepto en emergencias, por contraposición a las tropas regulares, cuya única ocupación es la guerra o el servicio militar. La milicia de un país son los hombres físicamente aptos organizados en compañías, regimientos y brigadas, con oficiales de todas las graduaciones, y a los que se les requiere por ley participar en ejercicios militares solo en ciertos días, pero a los que el resto del tiempo se les deja proseguir con sus ocupaciones habituales.

Previamente escribí sobre nuestro deber como hombres Reformados de defendernos y defender a nuestras familias cuando se las atacara. También escribí de nuestra necesidad de obtener conocimientos y entrenamiento que nos permitieran cumplir con este deber. Este capítulo del libro de los Números y otros pasajes de la Biblia revelan que  nuestro deber de autodefensa se extiende más allá de nuestra familia. Es por medio de la milicia organizada que Dios libra a Su pueblo de sus enemigos beligerantes. Por tanto, debemos aprender no solo las habilidades que nos permiten defender nuestras ciudades, estados o naciones gobernadas por el magistrado civil. Yo reto a los hombres Reformados a considerar cómo pueden entrenar y equiparse a sí mismos, a sus familias y sus vecinos, para cumplir con este deber cristiano en su momento.

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