El impacto de Rushdoony en la Ciencia

By Martin G. Selbrede

El Dr. R. J. Rushdoony y la Fundación Calcedonia que él iniciara en 1965 han continuado ejerciendo influencia sobre los matemáticos y otros científicos. El primer libro creacionista notable, The Genesis Flood (El diluvio de Génesis), de Whitcomb y Morris, había sido rechazado por las principales editoriales cristianas, pero Rushdoony intercedió exitosamente con los presbiterianos y reformados para que publicaran este volumen pionero (¡a pesar del hecho de que ninguno de los dos autores era presbiteriano ni reformado!). Rushdoony se enfocaba mayormente en la filosofía de la ciencia, sobre cuyos postulados intelectuales se han erigido los edificios del pensamiento moderno, bajo la égida del humanismo racionalista.

La mitología de la Ciencia

Mark Rushdoony se sintió motivado a escribir un nuevo prólogo explicativo cuando llegó el momento de reimprimir The Mythology of Science (La mitología de la Ciencia) en 1967, en gran parte debido a que la mayoría de la gente identificaba a las investigaciones más recientes con la relevancia científica. Como la Ciencia nos suministra un flujo permanente de información, la relevancia en la Ciencia es asociada con la fecha de publicación de las fuentes o las investigaciones de uno. Por ejemplo la crítica más difundida contra los creacionistas es que las fuentes que citan están perennemente desactualizadas. La Ciencia continúa moviendo las porterías, por eso, incluso aunque los creacionistas citaran en favor suyo investigaciones actualizadas al minuto, esas investigaciones quedarían rápidamente desactualizadas porque los críticos de los creacionistas asumen que el progreso científico siempre favorece el paradigma evolucionista. (La reacción inmediata ante nuevos datos favorables al creacionismo es necesariamente un poco distinta: “Estos resultados son muy recientes y no están confirmados, y necesitamos tiempo para evaluarlos a fin de discernir lo que significan en realidad... no hay necesidad de apresurarse a sacar conclusiones no materialistas”).

A los evolucionistas se les permite descansar sobre los hombros de gigantes y citar a las investigaciones más antiguas, pero si los creacionistas lo hacen, los gigantes son muertos a tiros debajo de ellos como que son fuentes desactualizadas. Los creacionistas pueden ser disculpados por creer que el sistema puede estar torcido, pero no es así: el sistema no es nada más que consistente con sus propios compromisos reales, que pueden diferir de los compromisos que dice tener en público.

Mark Rushdoony fue muy hábil al señalar que La mitología de la Ciencia contenía tres comentarios críticos de libros que ya habían sido publicados en el momento en que el Dr. Rushdoony escribió los comentarios (los libros habían sido publicados entre 1958 y 1960). ¿Por qué el Dr. Rushdoony comentaría un material ya publicado? Porque ese material narraba una historia inconclusa de cómo era conducida la Ciencia, y revelaba los compromisos filosóficos permanentes que alimentaban esta burla, tipo Goliat, de las cosmovisiones contrarias. En el meollo del asunto está lo que el Dr. Rushdoony llamaba la mitología de la Ciencia, por medio de la cual la Ciencia, deliberadamente, se colocaba en contra de la Historia:

En primera instancia, un mito es la ilusión de una edad o cultura mediante la cual son interpretadas la vida y sus orígenes. Como tal, el mito tiene una verdad axiomática para esa edad y es su criterio para juzgar y evaluar la realidad... Un mito es un intento de una cultura de vencer a la Historia, de negar las fuerzas y estragos del tiempo, y de  hacer al Universo amigable al hombre. El mito revela un odio por la Historia. La Historia muestra el movimiento en términos de fuerzas más allá del hombre y en juicio del hombre... la Historia gravita pesadamente sobre el hombre... y revela claramente que el hombre es el actor, no el guionista ni el director. Y este hombre la detesta...  [y] está resentido. El propósito que el hombre se ha trazado en sus mitos es poner fin a la Historia, hacer al hombre gobernador absoluto al decretar el fin del movimiento que es la Historia.1

En otras palabras, la ciencia es el salvador que va a librar al hombre de la Historia. No le faltaba razón a Rushdoony al citar el libro escrito por Lundberg en 1961 y titulado Can Science Save Us? (¿Puede la ciencia salvarnos?) 2 Para que la ciencia salve, debe controlar. Y como señaló con agudeza Rushdoony ahí es donde está el peligro real del estatismo.

La ciencia, la magia, el control y la Biblia

La ciencia, según el análisis que hizo el Dr. Rushdoony de su trayectoria histórica, estuvo inicialmente vinculada con la magia y siguió así hasta que el cristianismo pudo separarlas. Pero la ciencia moderna se ha vinculado de nuevo a la magia y a los objetivos de la magia, como explica Rushdoony:

El propósito de la magia es el control total del hombre sobre el hombre, la naturaleza y lo sobre natural. Sea cual sea la forma que asuma la magia, ese es su objetivo. La relación de la magia, por tanto, es básicamente con la ciencia antes que con la religión bíblica. Bajo la influencia del cristianismo, la ciencia escapó de las restricciones de la magia… El propósito de la ciencia moderna es cada vez más el de la magia: el ejercicio del control total. La meta esencial de la ciencia moderna es el conocimiento para tener predicción, planificación y control. Por tanto la magia ha triunfado una vez más, y la ciencia moderna es popular porque el hombre de hoy, casado de nuevo con el mundo de los mitos, demanda que la magia venza a la Historia. 3

No debe sorprender que el Dr. Rushdoony pudiera citar al Canciller de la Universidad de la ciudad de Los Ángeles hablando  favorablemente de “la muerte del calvinismo” 4 como un prerrequisito importante para extender las aspiraciones del control científico. El calvinismo (el real, y no una caricatura del mismo) confronta y reta la tendencia a la magia que la ciencia de otra forma no podría resistir. Después Rushdoony acusa vehementemente a los científicos por abandonar la objetividad. 5 Como él dice:

“¿Objetividad e imparcialidad científicas? Por el contrario, esta es una dedicación apasionada de los nuevos magos a los mitos creados por ellos… Esta es entonces la nueva mitología de la ciencia. Expresa las presuposiciones básicas del humanismo actual, de modo que sus absurdos, contradicciones y pretensiones tienen el sonido de la verdad infalible, antes que el del mito irracional”. 6

Debido a que la ciencia encarna al moderno espíritu de los tiempos, al espíritu humanista de esta edad es incondicionalmente aceptada (con cierta ironía) a nombre del pensamiento crítico.  La subsiguiente afición a controlarlo todo tiene sentido desde el punto de vista científico moderno:

Todo experimento, para que sea válido, requiere un control total de todos los factores. Por lo tanto, la sociedad científica debe ser por completo totalitaria, o de lo contrario no funcionaría, ni sería científica. 7

Rushdoony reprocha a la ciencia el tratar de tener a todas las cosas “sujetas a la ley de la causa controlada”, que afirma que una ley básica para la ciencia porque “la ciencia no es tanto comprender las cosas como controlar las cosas. 8 Después que se entiende esta diferencia, el paquete oculto tras el cientismo se hace mucho más fácil de discernir.

Rushdoony por tanto resume la naturaleza del mito moderno en términos inquietantes: “No hay una mitología que haya azotado a la Humanidad más letal que la mitología de la ciencia”. ¿Por qué? Porque, como dice Rushdoony, la enseñanza de la Biblia es que on Dios todas las cosas son posibles y El puede hacer todas las cosas.

Pero según la mitología de la ciencia, la ciencia puede hacer y hará todas las cosas. No solo todas las cosas son posibles con la ciencia, sino que ya están planificadas. La enfermedad, los padecimientos y la muerte serán abolidos. La pobreza, el crimen y la guerra serán eliminados. No solo el hombre, sino también su mundo y su clima serán controlados. La vida será creada; nuevos órganos, brazos y piernas crecerán. El universo será explorado y poblado y, cuando el sol muera, un nuevo sol será creado y puesto en el cielo por nuestros nuevos dioses, los científicos… Esta nueva revolución… asegurará el colapso de toda propiedad y toda ley, porque enseñará a los hombres a despreciar las riquezas del presente por las promesas del futuro.  9 (Énfasis añadido).

No siempre fue así. La relación entre la ciencia y el puritanismo (o puritanismo-calvinismo) fue analizada en varios artículos publicado en la Revista de la Reconstrucción Cristiana (Journal of Christian Reconstruction) de Calcedonia, que corroboraron y extendieron una gran parte de los puntos de vista de Rushdoony sobre la vinculación entre ciencia y magia y como el calvinismo ya había tenido éxito una vez en cortar ese feo vínculo. 10 El llamado de Rushdoony a un retorno hacia esas raíces calvinistas que habían cambiado al mundo como única vía para redimir la ciencia de su senda errónea, es más relevante ahora que cuando él hizo esa advertencia por primera vez, hace unos cuarenta años.

El camino secular hacia la “verdad” siempre conduce al estatismo.

Rushdoony señala que, tras la Revolución Francesa, “la incredulidad y el positivismo se hacían cada vez más vocingleros”. Julian Jaynes nos cuenta cuán vocinglera y atrevida era la nueva manera de pensar:

Este secularismo de la ciencia… se hizo áspero y ferviente en 1842 en Alemania en un famoso manifiesto emitido por cuatro brillantes psicólogos jóvenes. Lo firmaron como sacerdotes, con su propia sangre… (y) llenos de ira resolvieron que ningunas fuerzas que no fueran las psicoquímicas ordinarias serían tenidas en cuenta en su actividad científica. Esta ha sido la declaración más coherente y conspicua del materialismo científico hasta el momento. Y ha tenido una influencia enorme. 11

Como resume Rushdoony la situación a la luz de esos acontecimientos, “la devoción cambió, en lo que respecta a mucha gente, de la Iglesia al Estado”. 12  Así que los científicos se autonombraron profetas para guiar el pueblo hacia su nuevo futuro. El cita al informe de Rebecca West “sobre el sentir de un científico, que cree que solo los científicos deben controlar la energía atómica”. Cuando uno de la audiencia le preguntó qué garantías habría de que los científicos no usarían ese control para el mal,

él, el menos arrogante de los hombres, respondió con la sencilla afirmación de que él y todos sus iguales habían nacido sin pecado. “¿Cómo puede usted suponer que un científico haría una cosa así?”, preguntó, con sus espejuelos resplandeciendo de ira. “La ciencia es razón. ¿Por qué unas personas que viven en base a la razón se convertirían de repente en sus enemigos?”… Los científicos no pueden estar equivocados ni pueden hacer daño, porque son científicos, y la ciencia es el bien. 13

Rushdoony llega correctamente a la conclusión de que “como el Estado moderno se ve a sí mismo como la Razón encarnada, se llena de autojustificación”. Señala que ha prevalecido una distorsión del registro del progreso científico, por factores que son fáciles de descubrir por los que quieran descorrer la cortina:

Los educadores tienden a exaltar a otros educadores, y los profesores de las ciencias tienden a identificar el conocimiento científico y la grandeza con la universidad y sus ciencias. Nuestra Historia y los libros de texto están radicalmente equivocados en sus énfasis a causa de este prejuicio, y la mayor parte de la historia de las ciencias es por tanto desconocida. Con pocas excepciones, los grandes avances en las ciencias se han producido en asociación con la industria… Exaltar la ciencia académica es perder por completo de vista el asunto y en esencia significa rechazar la ciencia a cambio de habladurías sobre la ciencia…
Debemos recordar que el hombre moderno considera falsamente a la ciencia, y no a la Escritura, como la fuente principal de verdad… Se nos dice que, debido a que las ciencias se ocupan del mundo físico, se ocupan de la realidad, con lo que se implica que el cristianismo no se ocupa de la realidad, sino de vagas presunciones espirituales. 14

Rushdoony cita a Van Til con respecto a esta separación aguda e ilícita entre la ciencia y la religión: “Hasta la propia presunción de que algo puede ser afirmado inteligentemente sobre el mundo de los fenómenos de por sí presupone su independencia de Dios, y es en la práctica una negación de El”. 15  Rushdoony desarrolla aun más el análisis que hace Van Til  de la naturaleza de todo el pensamiento no bíblico (escribiendo en la antología de Van Til Jerusalem and Athens). 16 Como señala Rushdoony:

“Para Van Til, el carácter de última instancia no pertenece al orden creado, sino a Dios, a la trinidad ontológica. Van Til, al comentar sobre la dialéctica moderna, observa: “Todo el pensamiento no bíblico es dialéctico. El pensamiento dialéctico se expresa en la forma de dualismo religioso”… Cuando los hombres se apartan del Eterno, derivan hacia el pensamiento dialéctico”. 17

Como muestra Rushdoony, la única salida del pantano del pensamiento dialéctico y del dualismo es reconstruir las ciencias sobre presuposiciones bíblicas. Solo eso librará a las ciencias de la mano de la dialéctica y el dualismo. Cita apropiadamente el análisis de Van Til de 1939 sobre el tema de la interpretación de la factualidad (la “filosofía del hecho” que uno tiene):

Por tanto el primer paso que el método científico actual le pide a usted que dé es asumir que los hechos que usted encuentra son en bruto, o sea, hechos no interpretados. Yo digo que se le pide asumir la existencia de hechos en bruto. Si usted no asume eso no podrá ser neutral con respecto a las diversas interpretaciones de los hechos. Si Dios existe, no hay hechos en bruto; si Dios existe, nuestro estudio de los hechos debe ser el esfuerzo por conocerlos como Dios quiere que los conozcamos. Debemos tratar de pensar los pensamientos de Dios junto con El. Asumir que hay hechos en bruto es por lo tanto asumir que Dios no existe. 18

La ciencia, como cualquier otra faceta de la existencia del hombre gana terreno ilícitamente al pretender una neutralidad mítica a la cual no tiene ningún derecho legítimo. El mito de la neutralidad, una de las acusaciones principales de Rushdoony al pensamiento moderno, permea los círculos científicos más que a ninguna otra actividad humana. La ciencia expulsa a Dios de Su creación como una precondición para explicarla, y después llama a las explicaciones resultantes neutrales, en vez de explícitamente anti-Dios.

Al igual que Van Til, Rushdoony descalifica al método científico como supuesto camino hacia la verdad:

“El método científico nunca es definido con exactitud, pero, al igual que el término ciencia, es identificado de alguna forma con la verdad… sea lo que sea la verdad, si puede conocerse, será descubierta y conocida a través del método científico. Los musulmanes dicen: “Hay un solo Dios y Mahoma es su profeta”. Los científicos no son menos dogmáticos: Puede que haya verdad o no la haya, pero si la hay, la ciencia es su profeta, el único medio para descubrirla… El método científico, tal y como existe ahora, es en realidad un principio religioso que sostiene que la verdad puede surgir en cualquier área, siempre que la misma no sea el Dios soberano y trino ni Su Palabra infalible. El método científico de nuestro tiempo enmascara a otra religión: el humanismo”. 19

El desenmascaramiento del cientismo, del materialismo científico hecho por Rushdoony, no es bien acogido por los que tienen intereses en el status quo, que codician la credibilidad y que quieren ser amigos del mundo. Demasiados hombres de iglesia se sentirían desdichados al ver a su humanismo señalado como lo que es.

La neutralidad y el pensamiento científico

El ideal educativo moderno de la mente del estudiante como una página en blanco (tabula rasa) que debe ser escrita por los educadores se extiende también a las ciencias. Como dice Rushdoony, el ideal de la mente como una página en blanco.

“…ha provisto el ideal para el pensamiento científico. El verdadero científico ostensiblemente despoja a su mente de todas las preconcepciones y enfoca a su material con una mentalidad de página en blanco, listo para percibir e interpretar los hechos por sí mismos. Esta actitud científica es uno de los grandes mitos de los tiempos modernos. Herman Dooyeweerd y Cornelius Van Til han mostrado ampliamente que la idea de que el científico en realidad se enfoca en su materia con una gama de axiomas de pensamiento y presuposiciones teóricas y religiosas. Su mentalidad de página en blanco está libre solamente de las actitudes contra las que se rebeló la Ilustración, preconcepciones identificadas con el calvinismo y el escolasticismo. El instrumentalismo es otra expresión del mismo concepto básico y asume que solo él posee la capacidad de alcanzar el conocimiento verdadero, porque solo él está libre de ideas preconcebidas al acercarse a la factualidad. Eso también es una fe mítica y una imposibilidad. El instrumentalista también es culpable de tener extensas presuposiciones básicamente religiosas, que le proveen los axiomas inconscientes de todo su pensamiento.” 20

En el primer tercio del siglo 20  se admitía con más facilidad  el reconocimiento oficial del componente metafísico de la ciencia moderna, como se testifica en la publicación  de The Metaphysical Foundations of Modern Science   (Los fundamentos metafísicos de la ciencia moderna) por  E. A. Burtt, de la Univerisdad de Cornell, en un tomo que hablaba de  una revolución en la “cosmovisión” tan temprano como 1924. 21 Pero la negación de las raíces metafísicas ha prevalecido desde entonces, y los científicos modernos prefieren seguir ocultando su equipaje  secreto, disgustados porque  eruditos como Rushdoony siguen halándoles sus frazadas para revelar lo que están ocultando con respecto a sus ideas preconcebidas.

Con relación a esto, el laureado con el premio Nobel Richard Feynman siguió hallándose en una posición insostenible, como señala su libro The Character of Physical Law (El carácrter de la ley física). Como explica James Gleick en el prólogo del libro, ese  tomo específico de conferencia publicadas representa a Feynman convertido en filósofo; en otras palabras,  porque esos son temas que ordinariamente pertenecen a la filosofía. Pero Feynman siempre se ha burlado de los filósofos. Ellos “están siempre por fuera, haciendo señalamientos estúpidos” dijo una vez... Feynman debate esas cuestiones a  lo largo del libro, sazonando su discurso filosófico con ásperas críticas a los filósofos...  Aun así, El carácter de la ley física es Feynman reconociendo que la ciencia pragmática sola no es suficiente. “Es un problema”, señala en un punto, “preocuparse o no por las filosofías que están detrás de las ideas”. 22

Feynman no puede quedar bien con Dios y con el diablo, ni con respecto a su amor/odio por la filosofía ni con las preguntas sin respuesta que abundan todavía en la ciencia. Al final, termina exaltando a la duda como el valor supremo, principalmente para asegurarse de que la autoridad (contra la cual la ciencia siempre ha luchado) nunca tenga un puesto a la mesa científica. 23  La incertidumbre de los pronunciamientos científicos no es una imaginación, ¡es un hecho! Feynman se convirtió en la práctica en un autonombrado Profeta de la Duda, que promovía un enfoque descarnadamente dialéctico de la certidumbre y el conocimiento (el mismo lugar donde Rushdoony y Van Til predecían que iba a terminar invariablemente la ciencia).

Algunos han considerado que la descripción que hace Rushdoony de los científicos modernos (en específico, que son un nuevo sacerdocio) es una caracterización exagerada.  Podrían quedar sorprendidos al saber que el juez de la Corte Suprema Felix Frankfurter  dijo lo mismo en Wieman vs.Updegraff cuando declaró: “Considerar a los maestros, en todo nuestro sistema educativo, desde los grados primarios hasta la universidad, como los sacerdotes de nuestra democracia no es... caer en una hipérbole”. 24 Esta confesión es sorprendente, teniendo en cuenta que en 1915 los lineamientos de la Asociación Americana de Profesores Universitarios (AAUP) expresaban su confianza en que “la universidad  sea un refugio frente a todas las tiranías sobre la mente del hombre, la del Estado, la de los síndicos y administradores de la universidad y la de la opinión pública”, e implicaba el derecho de los estudiantes a estar libres de una formación coercitiva de su mente. 25

Los lineamientos de la AAUP tildaban de “propietarias” a las instituciones (p. ej.: las religiosas) destinadas a propagar doctrinas específicas e insistían en que, aunque dichas instituciones tenían libertad constitucional de “imponer sus ortodoxias particulares… tenían la obligación moral de adherirse a lo que uno hoy en día llamaría “la veracidad de los anuncios””. 26 Aunque los científicos sean un nuevo sacerdocio según Frankfurter, la ortodoxia que ellos ahora promueven es algo exento de ser considerado “propietario” y este nuevo sacerdocio no está notablemente bajo ninguna obligación con respecto a la veracidad en los anuncios. La formación coercitiva de las mentes de los estudiantes puede proseguir sin ninguna obstrucción ni obligación moral con respecto a la veracidad de los anuncios. En las palabras de los lineamientos de 1915 de la AAUP, están libres de “navegar bajo pabellones falsos” todo lo que deseen. 27 ¿Por qué habría de tener escrúpulos un sistema coercitivo?

En otras palabras: un sistema que obviamente no es neutral recibe carta blanca para simular que lo es. Una vez que ese status de neutralidad inmerecida e ilícita es concedido, cualquier objeción al sistema aparecerá como tendenciosa y prejuiciado, porque la neutralidad le ha sido simplemente conferida al status quo. Son pocos los que se atreven a desafiar las presiones sociales, docentes y profesionales que se pueden ejercer sobre cualquiera que diga que el cristianismo y la Biblia son sencillamente definidos como irrelevantes por un crudo fíat humanista, en nombre de una ciencia neutral que es cualquier cosa menos neutral. Rushdoony es uno de los críticos más osados en este sentido y los científicos que han seguido su orientación, que han abandonado las falsas torres de Babel ofrecidas por la ciencia moderna, serán finalmente los más fructíferos para la misma.

El impacto de Rushdoony

La ciencia como pretexto está rampante en la escena mundial, primeramente porque (como previó Rushdoony) la ciencia siempre estará politizada. Debido a que la ciencia de ve a sí misma como la Razón, cualquier coacción en nombre de la ciencia será razonable, según la definición humanista, y cualquier oposición a esa coacción será no-razonable. La moralidad es entonces reestructurada alrededor del principio ciencia/razón como nos lo define lo que el juez de la Corte Suprema Frankfurter llamó el sacerdocio docente y erudito de hoy. La controversia sobre el calentamiento global es más conspicua que la mayoría de los asuntos científicos porque, igual que la punta del témpano, se sale del agua. 28 La vasta mayoría de las acciones emprendidas en nombre de la mitología de la ciencia está escondida bajo la superficie. Rushdoony, particularmente en La mitología de la ciencia, ha mostrado cuán grande es en verdad el témpano completo.

Rushdoony ha tocado la alarma sobre la propensión de la ciencia a reclamar la verdad como de su propiedad exclusive, y negarle la verdad a cualquier otro ámbito de la vida y el pensamiento humanos (la religión en particular). Como el humanismo es en esencia una fe religiosa, y como niega la verdad de las Escrituras, debe crear una verdad sustituta (un ídolo) y decirles a todos que se inclinen ante ella. Eso es lo que sucede en las escuelas públicas Cuando los hijos de los cristianos son adoctrinados en los principios y la cosmovisión del cientismo.

La oposición cristiana a la evolución ya es demasiado  estrecha, porque el problema es mucho más grande que el asunto de la evolución. La ciencia afirma que es verdad. Cristo dijo el Padre: “Tu Palabra es verdad” (Juan 17:17). Los hombres no pueden servir a dos dioses, y las mixturas dialécticas terminan degradando la relevancia de la Biblia. Como se citó arriba de la obra de Rushdoony La filosofía del currículo cristiano: “Como las ciencias se ocupan del mundo físico, se ocupan de la realidad, y con eso se implica que el cristianismo no se ocupa de la realidad, sino de vagas presunciones espirituales”. La ciencia lo subordina todo a sí misma, resultado nada sorprendente para una empresa que asume la inexistencia de Dios al tratar los hechos, porque entonces enseña que hay un vacío en la cima de la autoridad que ella (y solo ella) se cree competente para llenar.

La promoción del creacionismo hecha por Rushdoony es bien conocida de nuestros lectores. Él invirtió su dinero donde estaba su corazón y publicó libros de otros autores que eran (y siguen siendo todavía) estudios importantes en sus campos, y de los cuales quizás ninguno tan importante para la ciencia como el volumen titulado Alive: An Enquiry into The Origin and Meaning of Life (Vivo: Una encuesta sobre el origen y el significado de la vida) por el Dr. Magnus Verbrugge, 29 que se merece una difusión mucho mayor que la que ha tenido hasta la fecha.

Para terminar con un tono más provocativo, los escritos bíblicos de Rushdoony sobre la medición (el proceso de medir) son considerados por algunos cristianos que están en las ciencias como que tienen una poderosa aplicación en la teoría de la relatividad y en la teoría cuántica. En breve, si  los pesos y medidas falsas son abominación a Dios y  a los hombres se les manda que ni siquiera posean nada que permita semejante medición fluctuante, esas leyes deben reflejar el propio carácter de Dios.

Adicionalmente, el hecho de que la Biblia enseñe expresamente el determinismo personal cósmico es aceptado por todo cristiano ortodoxo. Esos dos puntos respectivos están, al menos a prima facie, en conflicto con las premisas de la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica. Sin embargo, hay científicos que están dispuestos a llevar estas implicaciones hasta sus últimas consecuencias, disidentes más interesados en la verdad que en caer en una ambición fuera de lugar por la credibilidad (la lacra predominante  debilitadora del cristianismo). Si, para fines del siglo 21 esos dos enfoques predominantes de la física son desechados finalmente en favor de una reconstrucción de la física clásica,30 ese resultado puede ser una herencia a largo plazo del impacto directo que el pensamiento de Rushdoony habrá hecho en las ciencias puras.

Las semillas fundamentales ya han sido plantadas. ¿Está usted dispuesto a contribuir a que sean regadas adecuadamente?


1 R. J. Rushdoony, The Mythology of Science (La mitología de la ciencia) (Vallecito, CA: Ross House Books, [1995, 1967] 2001), 5.

2 Ibid., 26 nota 5.

3 Ibid., 6.

4 Ibid., 9. Franklin Murphy fue el Canciller citado en un periódico de Los Ángeles en 1966; ver la nota 4.

5 Ibid., 11. Rushdoony cita a Science Digest, Vol. 58, No. 4, octubre de 1955, al respecto de que  “Las pocas esperanzas que quedaban de que Venus pudiera albergar vida han recibido un golpe”. Dice Rushdoony: “Ahora bien, eso es un lenguaje curioso para la ciencia, que se supone que sea objetiva. Supuestamente, la “ciencia”  y los científicos están interesados en los resultados, no en probar una esperanza, en llegar a la verdad sobre algo, no en ganar una discusión. El placer debería haber sido el obtener algún tipo de conocimiento sobre Venus. ¡Pero el conocimiento fue un “golpe” a  las “esperanzas que quedaban”!

6 Ibid., 11–12.

7 Ibid., 29, citando como prueba el libro de Mischa Titiev  publicado en 1959, Introduction to Cultural Anthropology (Introducción a la antropología cultural). Ver nota 13.

8 Ibid., 30.

9 Ibid., 123–124. En otras partes Rushdoony cita a Barbara Wootton, profesora de Estudios Sociales de la Universidad de Londres de que “el riesgo de la criminalidad también aumentará, si la asociación actual entre la enseñanza moral y la religión cristiana se perpetúa” (35 n. 27). Wootton ve esta relación entre la fe cristiana y la moralidad como “uno de los aspectos más vulnerables de la sociedad contemporánea”.  Los científicos sí enseñan a privar al cristianismo de toda relevancia cultural y moral y dicen que eso es una necesidad científica.

10 Charles Dykes, “Medieval Speculation, Puritanism, and Modern Science” (“La especulación medieval, el puritanismo y la ciencia moderna”), The Journal of Christian Reconstruction 6:1, verano de 1979, Gary North, ed., 27-45; E. L. Hebden Taylor, “The Role of Puritan-Calvinism in the Rise of Modern Science,”  (“El papel del puritanismo y el calvinismo en el ascenso de la ciencia moderna”) The Journal of Christian Reconstruction 6:1, verano de 1979, 46–86; y Richard Douglas Green, “Science and the Future: Covenantal or Apostate?” (“La ciencia y el futuro: ¿Del pacto o apóstata?”) The Journal of Christian Reconstruction 9:1-2 (1982–1983, Douglas Kelly, ed.), 346–393.

11 Rushdoony, Sovereignty  (Soberanía) (Vallecito, CA: Chalcedon/Ross House Books, 2007), 396 y nota 2.

12 Ibid.

13 Rushdoony, Sovereignty, 438 y nota 6.

14 Rushdoony, The Philosophy of the Christian Curriculum (La filosofía del currículo cristiano)  (Vallecito, CA: Ross House Books, [1985] 1981), 64. Rushdoony trata del tema de la ciencia en cuatro capítulos consecutivos, 63–79.

15 Rushdoony, The Philosophy of the Christian Curriculum, 64–65.

16 E. R. Geehan, ed., Jerusalem and Athens: Critical Discussions on the Philosophy and Apologetics of Cornelius Van Til  (Jerusalén y Atenas: Discusiones críticas sobre la filosofía y la apologética de Cornelius Van Til) (Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed Company, 1971), Capítulo XVIII, Rushdoony, “The One and Many Problem—the Contribution of Van Til,”  (“El problema  del uno y los muchos — El aporte de Van Til”) 339–348.

17 Ibid., 342.

18 Rushdoony, The Mythology of Science, 114 nota 7.

19 Rushdoony, The Philosophy of the Christian Curriculum, 75, 77.

20 Rushdoony, Intellectual Schizophrenia (Esquizofrenia intelectual)  (Vallecito, CA: Ross House Books, [1961] 2002), 3–4.

21 Edwin Arthur Burtt, The Metaphysical Foundations of Modern Science (Los fundamentos metafísicos de la ciencia moderna)  (Garden City, NY: Doubleday Anchor Books, [1932; 1924] 1954), 15, 24–25.

22 Richard Feynman, The Character of Physical Law (El carácter de la ley física) (New York: The Modern Library, [1965] 1994), viii–ix.

23 Ibid., x.

24 Alan Charles Kors y Harvey A. Silverglate, The Shadow University: The Betrayal of Liberty on America’s Campuses (La Universidad de las Sombras: La traición a  la libertad en las universidades de los Estados Unidos)  (New York: The Free Press, 1998), 55. La nota al pie 16 identifica también al caso como Wieman vs. Updegraff, 344 U.S. 183 (1952).

25 Ibid., 51.

26 Ibid.

27 Ibid.

28 El autor asume que los témpanos de hielo todavía van a existir para la fecha en que usted reciba y lea este ejemplar de Faith for All of Life, a pesar de los temores alarmistas de hoy sobre su supuesta desaparición. Para los lectores interesados en ver a un científico calificado entendérselas con los alarmistas mientras promueve a duras penas sus interpretaciones de los datos reales, el sitio web algo técnico www.climateaudit.org es muy recomendable. Si usted escudriña lo suficiente, encontrará puntos particularmente interesantes sobre alicientes y sanciones académicas previstas para la conducta de ciertos investigadores de la “línea del partido” lo suficientemente débiles como para demoler con rapidez la noción de que la objetividad científica reina suprema entre los que apoyan la posición de la mayoría.

29 Magnus Verbrugge, Alive: An Enquiry into The Origin and Meaning of Life (Vallecito, CA: Ross House Books, 1984). Yo personalmente me vi involucrado en la preparación del manuscrito para la publicación, y considera a este libro como uno de los más importantes que Rushdoony haya tomado alguna vez bajo su protección.

30 No es de conocimiento general que existen interpretaciones alternativas de experimentos famosos que supuestamente apoyan la relatividad y la mecánica cuántica. Con respecto a la relatividad, es cierto que los muones se degradan más lentamente cuando se someten a velocidades altas. La relatividad interpreta esto como un retardo del tiempo, que el tiempo literalmente se frena para los muones cuando se mueven más rápidamente. Pero el mismo efecto surgiría debido a una mayor estabilidad frente a la degradación producida por la interacción del muón con sus propios campos: una interpretación no relativista. La difracción de los electrones a través de una doble ranura por mucho tiempo ha sido tratada como una prueba definitiva y positiva en favor de la mecánica cuántica, hasta que los científicos ilustraron cómo el efecto podía surgir fácilmente sobre bases deterministas o clásicas. La adherencia a la relatividad y la teoría cuántica es tan universal, sin embargo, que los científicos de consenso trataron las explicaciones clásicas como interesantes curiosidades y nada más, porque esas explicaciones estaban en conflicto con los paradigmas reinantes y adherencias intelectuales. No sin razón Rushdoony dedicó el capítulo 11 de The Mythology of Science a “Paradigmas y hechos” y prestó considerable atención a la obra de Thomas Kuhn The Nature of Scientific Revolution y las embarazosas concesiones de ese erudito sobre el inevitable razonamiento en círculo que invadía todo el razonamiento y el discurso científico.

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