El negocio más importante del mundo

By Derek Carlsen

En la Escritura hay muchos ejemplos de personas que vivían fielmente en tiempos difíciles —tiempos peligrosos con situaciones que amenazaban la vida, en los que ellas se mantenían firmes por Dios y Su verdad, hombres como el rey David (1 Samuel 17:31–51) y el apóstol Pablo (Hechos 21:7-15).

Hay también muchos ejemplos modernos de cristianos que hace eso. Recientemente supe de un hombre del que nunca antes había oído hablar, Paul Schneider.1 Fue un alemán que ganó una Cruz de Hierro en la Primera Guerra Mundial y más tarde se hizo pastor de una congregación Reformada en 1926. Para 1933 Hitler y los nazis tenían un control férreo de toda la nación y su opresión alcanzaba todas las esferas de la vida, incluyendo a la iglesia. El pastor Schneider se les opuso cuando trataron de sujetar la Iglesia al control del Estado. Con audacia les dijo a los cristianos alemanes que se les estaba llamando a la batalla y que tenían que dar una confesión fiel en aquellos tiempos difíciles. Denunció a la iglesia estatal, que era llamada “la Iglesia Alemana” y exhortó a los creyentes a ser fieles a Cristo el Rey.

La “Iglesia Confesante“ de Alemania era un grupo minoritario de iglesias fieles que se habían negado a ser parte de la “Iglesia Alemana” pero incluso ella se desentendió de la valiente postura de Schneider. Aunque estaba casado y tenía cinco hijos, Schneider se negaba a comprometer la verdad de Dios. Arrestado por las SS, se negó a retractarse o a diluir lo que la verdad de Cristo significaba para los creyentes alemanes en la era Nazi. Las SS lo enviaron al campo de concentración de Buchenwald, donde se le sometió a terribles torturas.

Apaleado y humillado, el pastor Schneider nunca flaqueó en su testimonio cristiano. Se negó a mostrar respeto al himno nazi cuando lo tocaban en la asamblea de prisioneros (todos los demás se quitaban las gorras, pero él se negaba a hacerlo). Por eso fue apaleado severamente y puesto en confinamiento solitario. Un compañero de prisión describió a Schneider:

Sin el menor temor daba testimonio de su fe cristiana a los SS. Por su franqueza era probablemente único en toda Alemania. Llamaba al diablo por su nombre: asesino, adúltero, injusto, monstruo. Por ese testimonio, en el cual presentaba la gracia de Cristo junto con un llamado al arrepentimiento, Schneider fue expuesto alternadamente a torturas corporales severas, humillaciones y agonías… duras golpizas, suspensión de los barrotes de las ventanas… Schneider era completamente incansable, siempre decía textos de la Escritura a otros prisioneros, especialmente por las mañanas y las noches en el pase de lista…2

Cuando dos prisioneros que se habían escapado fueron capturados y más tarde asesinados en su bloque de celdas, Schneider dijo durante el pase de lista: “En el nombre de Jesucristo doy testimonio del asesinato de los prisioneros”, y lo silenciaron con una nueva tunda de fuertes golpes. Fue puesto bajo la custodia de un guardia particularmente abusivo, cuyos maltratos lo redujeron a la condición de un esqueleto ambulante. Un compañero de prisión registró lo sorprendido que se quedó al ver a Schneider: ¡que este hombre famélico estuviera todavía vivo!

El pastor Schneider murió finalmente el 18 de Julio de 1939 (la Segunda Guerra Mundial no comenzó oficialmente hasta el 1º de septiembre de 1939, cuando Alemania invadió a Polonia). Un telegrama cursado a la esposa del pastor Schneider le informaba de su muerte y le daba 24 horas para pagar cierta suma de dinero si quería recuperar su cuerpo. Ella se las arregló para recaudar el dinero y su familia le dio una honorable sepultura. Fue un bravo pastor Reformado, una voz solitaria en el desierto, que murió sin reconocimiento en una nación que necesitaba desesperadamente abrazar su fe y coraje y prestar atención a sus advertencias.

Tales demostraciones de coraje y auto-sacrificio por la verdad de Dios y Su Reino nos emocionan, y con razón. Sin embargo, esos ejemplos a menudo nos hacen sentir lejanos de la obra real del Reino y su significación. Pensamos que son las personas como el pastor Schneider y otros héroes martirizados los típicos del Reino. ¡Si asumiéramos esas posturas en el contexto del peligro y la emoción, entonces estaríamos involucrados en la obra real del Reino!

¿No es así como pensamos a menudo? Pero hay algo mucho más integral e importante que los hechos heroicos en el avance y sostenimiento del Reino de Dios. Es posible tener una percepción totalmente equivocada de lo que es la obra “real” del reino y su efectividad. Pero tener una percepción errónea de cómo deberían ser nuestras vidas cristianas y cuál debería ser nuestro enfoque es como ser enviados en una expedición a buscar el final del arco iris: una jornada confusa y frustrante. Estar firmes en la justicia y la propagación del Evangelio en tierras y tiempos peligrosos es bueno y necesario, y debemos honrar a los que lo hacen, pero la Escritura nos muestra que el avance vital del Reino tiene algo mucho menos dramático en su centro.

Lo central en el avance del Reino es la familia, y más específicamente, la actitud del padre hacia su familia. Ese es el plan de Dios y debemos asimilar la importancia de la familia y del papel del padre en lo profundo de nuestros corazones. Esta verdad necesita ser comprendida y después puesta en práctica en todo lo que hacemos como familias cristianas.

Hay que hacer una salvedad antes de seguir, porque es posible subestimar la familia o la iglesia al exaltar a una sobre la otra. Quiero dejar claro que tengo en alta estima a la iglesia de Dios instituida, sin embargo, mi énfasis en este artículo es lo que las Escrituras tienen que decir con respecto al papel central de la familia en el plan del Reino de Dios

Dios llama a Abram en Génesis 12 y le promete que en él serían benditas todas las familias de la tierra. Sabemos que el plan era que, al final, grandes multitudes se involucraran en la gran obra de extender el gobierno de Dios a través del mundo; tan grandes, que Dios las compara con las estrellas del cielo y a la arena del mar. Colosales cantidades de personas cubriendo el planeta completo es la meta, y sin embargo, Dios comenzó con un solo hombre y alrededor suyo construyo una familia. Lo que aprendemos aquí es el principio inexorable de cómo Dios ha ordenado a Su Reino avanzar: a través de familias que se reproducen por generaciones. Reproducir la piedad y la capacidad de sacrificio propia del Reino debe ser el objetivo de cada familia cristiana. Ese no es el único medio por el cual Dios edifica Su Reino, pero sí está en la médula del avance del Reino.

Parece extraño que Dios nos escogiera para lo que nos parece un proceso muy lento de ejercer domino y avanzar el reino. Creemos que Él debía haber usado un método mucho más rápido, pero esa es la sabiduría de Dios y, como dice Pablo: “lo insensato de Dios es más sabio que los hombres” (1 Corintios 1:25). Nuestra responsabilidad es inclinar nuestro corazón y vida ante la sabiduría de Dios y no dejarnos extraviar por la falsa “sabiduría” del mundo

Dios revela claramente la magnitud de la obra a Abraham (descendientes como las estrellas de los cielos, impactando a todas las naciones de la tierra) y luego le muestra los medios para lograr ese fin: “Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él” (Génesis 18:19). Otras traducciones como la  RSV, NRSV, NASB y ESV dicen escogido: Le he escogido para este propósito, para que pueda instruir a sus hijos y a su casa. La palabra conocido (known) en la Versión New King James implica la idea de una actividad o relación íntima entre Dios y Abraham, que es desarrollada en las otras responsabilidades de relaciones de Abraham, es decir, con sus hijos y su casa. Dios nos dice que Él escogió (o llegó a tener una relación íntima) con Abraham para que él pudiera instruir a su casa. La consecuencia de que Abraham instruyera a su casa en justicia sería que Dios llevaría a cabo todo lo que le había dicho a Abraham.

Esos fueron pasos ordenados por Dios para lograr Su meta final. El hogar es la unidad elemental en la formación tanto de la Iglesia como del Estado. Cuando la familia falla en ese enfoque y responsabilidades dadas por Dios, ni la Iglesia ni el Estado pueden tener éxito.3

Nada de lo que Dios le dijo a Abraham era para exaltarlo, sino para que Dios fuera exaltado y glorificado. El plan de Dios de que incontables millares anduvieran en los caminos de Abraham estaba destinado a darse gloria a Sí mismo. Así que la propia gloria de Dios es el centro de Su plan de tener multitudes de personas, tantas como la arena del mar, andando en justicia.

Dios dice en Génesis 18:19  (paráfrasis del autor): “He escogido a Abraham para que pueda mandar a sus hijos y su casa en caminos de justicia, para que puedan hacer justicia y derecho, porque esa es la forma en que realizaré todo lo que le he dicho”. Es la relación íntima de Dios con Abraham la que da como resultado una relación íntima con su casa y la instrucción de ella, lo que va a realizar el gran plan de Dios. Vemos que lo principal o elemental de todo esto, en el plano humano, es la fidelidad de un padre piadoso que instruye a sus hijos y a su casa. Es difícil no asombrarse ante la simplicidad del plan de Dios, y más difícil no asombrarse al ver cómo la Iglesia de hoy, en su mayor parte, ignora este énfasis y elabora planes “mejores”.

No solo leemos esto en relación con Abraham, sino que es un énfasis permanente a lo largo de la Escritura. El modelo bíblico es que las familias, dentro de las estructuras familiares, deben ser básicas para la consecución de los propósitos de Dios. Algo clave en todo esto es que los padres enseñen y entrenen a sus hijos y a sus familias en la fidelidad por generaciones. He aquí algunos ejemplos escriturales:

“Por tanto, guárdate, y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, ni se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; antes bien, las enseñarás a tus hijos, y a los hijos de tus hijos. El día que estuviste delante de Jehová tu Dios en Horeb, cuando Jehová me dijo: Reúneme el pueblo, para que yo les haga oír mis palabras, las cuales aprenderán, para temerme todos los días que vivieren sobre la tierra, y las enseñarán a sus hijos” (Deuteronomio 4:9, 10).

“Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes” (Deuteronomio 6:6,7).

“Y las enseñaréis a vuestros hijos, hablando de ellas cuando te sientes en tu casa, cuando andes por el camino, cuando te acuestes, y cuando te levantes, y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas; para que sean vuestros días, y los días de vuestros hijos, tan numerosos sobre la tierra que Jehová juró a vuestros padres que les había de dar, como los días de los cielos sobre la tierra” (Deuteronomio 11:19–21).

“Y les dijo: Aplicad vuestro corazón a todas las palabras que yo os testifico hoy, para que las mandéis a vuestros hijos, a fin de que cuiden de cumplir todas las palabras de esta ley” (Deuteronomio 32:46)

“Abriré mi boca en proverbios; hablaré cosas escondidas desde tiempos antiguos, las cuales hemos oído y entendido; que nuestros padres nos las contaron. No las encubriremos a sus hijos,

contando a la generación venidera las alabanzas de Jehová, y su potencia, y las maravillas que hizo. Él estableció testimonio en Jacob, y puso ley en Israel, la cual mandó a nuestros padres

que la notificasen a sus hijos; para que lo sepa la generación venidera, y los hijos que nacerán;

y los que se levantarán lo cuenten a sus hijos, a fin de que pongan en Dios su confianza, y no se olviden de las obras de Dios; que guarden sus mandamientos” (Salmo 78:2-7).

 

Guarda, hijo mío, el mandamiento de tu padre, y no dejes la enseñanza de tu madre; átalos siempre en tu corazón, enlázalos a tu cuello (Proverbios 6:20–21).

La importancia de que los padres instruyan a sus familias en el temor de Dios no está ausente del Nuevo Testamento. Por ejemplo, Pablo dice: “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6:4). Un hogar temeroso de Dios es inseparable de la instrucción piadosa que se imparte en él. Esos versículos establecen claramente el hecho de que la familia es primordial en el designio de Dios. No hemos agotado las referencias a la familia, y probablemente usted pueda pensar en unos cuantos versículos más que no han sido citados.

El sentido de lo que dicen ambos Testamentos es ineludible, y es este: la importancia que tiene que los cabezas de familia instruyan a los miembros de ella. Cuando esto es entendido y practicado por los padres y los hijos, es una señal procedente de Dios de que hay un avivamiento verdadero. Cuando eso falla, el juicio está pendiendo sobre esa nación o pueblo. Sobre eso es lo que profetiza Malaquías en el último libro del Antiguo Testamento; de hecho, en los últimos versículos del Antiguo Testamento. Dice: “ Acordaos de la ley de Moisés mi siervo, al cual encargué en Horeb ordenanzas y leyes para todo Israel. He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición” (Malaquías 4:4-6).

Algunos comentaristas se esfuerzan por sacar algún sentido de esos versículos, negando el significado más obvio porque, según creo, no han reconocido cuán importante es la familia en los planes generacionales de Dios para su creación. Esos comentaristas dicen que los “padres” aquí quiere decir los “patriarcas” o “antepasados piadosos” y es un llamado a la reconciliación entre ellos y las generaciones descarriadas y rebeldes de judíos. Pero lo que Malaquías hace es exactamente lo mismo que hizo Moisés en Deuteronomio 5 y 6 (como analizaremos a continuación) y está justo en armonía con Génesis 18:19 (como se analizó previamente).

En el versículo 4 vemos que Malaquías le recuerda al pueblo la ley de Moisés y luego le muestra en términos muy prácticos que la obra de la religión verdadera tiene su enfoque en las familias. SI alguien quiere evitar el juicio, la clave es tener obras de verdadera justificación, que son (a) padres que asumen su responsabilidad ante Dios de educar herederos fieles que se reproducirán por generaciones, y (b) hijos que ponen su corazón en obedecer las instrucciones de sus padres. Cuando esas cosas no están en evidencia, ese pueblo está a punto de caer bajo el juicio de Dios o bien ya bajo él. Cuando los corazones de los padres no están vueltos hacia sus hijos y los corazones de los hijos no están vueltos hacia sus padres, eso es evidencia de una condición espiritual deplorable y una advertencia de que el juicio es inminente. Las familias disfuncionales producen iglesias disfuncionales y cuando usted tenga ambas cosas, también tendrá una nación en desintegración. La familia, de acuerdo con Malaquías, es el eslabón fundamental del plan de Dios, y por tanto el fruto del verdadero arrepentimiento debe comenzar por la familia, si es que va a haber algún avivamiento real en la Iglesia y el Estado.

La obra preparatoria de Elías4 para el advenimiento del Mesías, según Dabney, “debía ser principalmente un avivamiento de la fidelidad parental y de la piedad doméstica…. Este avivamiento de la piedad doméstica, dice Malaquías, es necesario para impedir que la llegada del Mesías sea una catástrofe en vez de una bendición para los hombres. Solo esa reforma impedía que “hiriera la tierra con maldición” en vez de coronarla con misericordias…. La misma reforma es el medio apropiado para “alistar un pueblo preparado para el Señor”. Entonces, la manera en que Dios promueve un avivamiento no es aumentando la actividad de ciertos medios públicos y externos solamente, sino “volver el corazón de los padres hacia os hijos”5. ¡No hay un verdadero avivamiento sin eso!

Moisés usó el mismo esquema en Deuteronomio. La palabra Deuteronomio significa la segunda entrega de la ley. Eso tuvo lugar después que la primera generación  que había sido librada de Egipto hubo muerto en el desierto a causa del juicio de Dios por su incredulidad. Entonces la segunda generación estaba a punto de entrar en la Tierra Prometida y continuar el plan original de conquista y posesión de la tierra. Por tanto Moisés recapituló los Diez Mandamientos y explicó cómo se aplicarían en la vida cotidiana. El Deuteronomio en un libro que se centra en la aplicación de la ley de Dios a la vida cotidiana. Moisés quería que aquella generación supiera lo que se esperaba de ellos si es que iban a tomar posesión de la Tierra Prometida. Para los que recibían el batón de manos de una generación infiel, era vital ser instruidos por Moisés en la forma de alcanzar el éxito.

Después de recapitular los Diez Mandamientos (Deuteronomio 5) Moisés, en el capítulo 6, dice que la clave para tener éxito en la nueva tierra era que ellos tuvieran temor del Señor e hicieran todas Sus Palabras. Entonces resume toda la ley de Dios (Deuteronomio 6:4) antes de hacer la explicación de lo que significaba en términos cotidianos. Es sorprendente que la primera aplicación práctica de Moisés respecto a lo que significa la ley es que el pueblo de Dios diligentemente le enseñe la ley a sus hijos.

Incluso él se toma el tiempo para explicar lo que quiere decir diligentemente en vez de dejar que sean ellos los que lo determinen. Dice que la única forma de instruir diligentemente a sus hijos es haciéndolo todo el tiempo, en la totalidad de su vida. Dice: “Y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas” (Deuteronomio 6:7-9). No se puede ser más concluyente que eso. Todo lo que tenía que ver con su vida, todo en la casa, y todas sus posesiones, tenían que ser usadas en sumisión al Señor. Todo pertenece al Señor y por tanto debe ser usado para Su gloria. Los padres deben enseñar esto diligentemente a sus hijos.

Si usted tiene el cuidado de notar el contexto de esas palabras y el lugar preeminente que Moisés concede a esta responsabilidad, no puede dejar de asombrarse de “la importancia inefable de este deber”6, para usar las palabras de Dabney. La primera cosa que el Espíritu le mostró a Moisés sobre la aplicación de esta gloriosa ley de Dios fue esa actividad. La cosa más importante que esta nueva generación tenia que hacer, después de una generación que había fallado totalmente en las responsabilidades que Dios les había dado, era que los padres instruyeran a los hijos en la verdad de Dios. Moisés los exhorta a que, si querían tener éxito en la ingente tarea que el Señor les había mandado a hacer, se concentraran en eso, en criar una simiente piadosa. Fallar en eso era fallar totalmente. Dabney entiende el énfasis de la Escritura cuando dice: “La influencia del progenitor será más efectiva, para bien o para mal, que ninguna otra de las que rodean a la joven alma… La experiencia pastoral nos enseña que, según los padres realicen u olviden sus deberes, así los hijos usualmente terminarán en la gracia o la impiedad”.7

Moisés explicó cómo era la aplicación preeminente de la ley de Dios. Malaquías entendió también esa misma aplicación y le dio la misma prominencia. Esto se hallaba en consonancia con lo que Dios ya la había revelado a Abraham en sus comunicaciones, en que el Señor dijo que, para cumplir Su gran plan, había escogido a Abraham para instruir a sus hijos después de él (Génesis 18:19). El medio que Dios ha ordenado para la realización de Su plan eterno es que los padres vuelvan sus corazones a sus hijos y que instruyan fielmente a sus familias en el total de la verdad de Dios. El éxito de este plan descansa en la simplicidad y en la facilidad de ser reproducido de generación en generación, que es lo que Dios espera que Sus siervos fieles hagan. ¡Esa es la obra de Dios, y es maravillosa a nuestros ojos!

El plan le fue claramente declarado a Abraham; es declarado a través de Moisés y también de Malaquías en los últimos versículos del Antiguo Testamento. Más tarde, al iniciarse la era del Nuevo Pacto, el ángel Gabriel también hace énfasis en eso cuando le habló al padre de Juan el Bautista del ministerio de Juan. Cuando se cierra el Antiguo Testamento en anticipación al Mesías que viene, ese énfasis en los padres y en su responsabilidad para con sus casas es puesto en primer plano (Mal. 4:6). Más tarde, cuando el Nuevo Testamento se inicia y el presentado el heraldo del Mesías, una vez más dicho énfasis es puesto en primer lugar (Lucas 1:17). Uno no puede darle la espalda a esos textos y dejar de ver el énfasis que Dios hace en la familia, y no debemos temer hacer el énfasis donde la Biblia lo hace. Por la gracia de Dios, necesitamos ver la simplicidad y la maravilla del plan de Dios para nosotros y enfocarnos en esas cosas.

Una tenaz resistencia a este énfasis bíblico se halla en ciertos círculos Reformados, lo cual es muy extraño. Un erudito reformado que goza de mucho respeto, R. L. Dabney, entendió este énfasis muy claramente y habló de él sin reticencia. Si algún maestro moderno hubiera enfatizado la importancia de los padres y la familia y hubiera dicho lo que Dabney expresó con tanta claridad, estoy seguro de que lo hubieran tomado con sobresalto y hubiera sido desechado como muy extremista.

Los comentarios de Dabney provienen de un contexto de padres que cumplen sus responsabilidades dentro de sus propias familias. Dice él: “La educación de los hijos para Dios es el negocio más importante del mundo. Es el único negocio para el cual existe la tierra. A él toda la política, toda la guerra, toda la literatura, toda la ganancia de dinero, deben estar subordinadas, y todo progenitor especialmente debe sentir, cada hora del día, que aparte de asegurar su propio llamado y elección, este es el propósito para el cual Dios lo mantiene vivo; este es su cometido en la tierra… De la educación adecuada de la generación que está surgiendo ahora depende no solo la salvación individual de cada miembro de ella; no solo la esperanza religiosa del tiempo que está por venir, sino también el destino de todas las generaciones futuras en una gran medida. Entrene para Cristo a ese que hoy es un niño y no solo santificará esa alma, sino que pondrá en marcha las mejores agencias terrenales para redimir el caudal cada vez más ancho de seres humanos que procederán de él”.8

Demasiados programas de las iglesias tienden a frenar y socavar las familias en vez de ayudarlas a alcanzar su propósito dado por Dios. Esos programas de la iglesia parecen más unos planes de acción económicos socialistas que impiden la prosperidad y la independencia en vez de ayudar a que la gente la alcance. Mi intención no es socavar el papel importante de la Iglesia, sino recordarnos que todo el mundo debe vivir de cada palabra de la boca de Dios, y eso incluye a la Iglesia.

Tanto la Iglesia como el Estado deben tener cuidado de no socavar la definición  y la autoridad de la familia dadas por Dios. La Iglesia debe procurar ayudar, y no usurpar, la responsabilidad de la familia. La iglesia socava a la familia cuando cree que es más espiritual y por tanto más capaz de alcanzar a los niños para el Señor. Aunque instruir a los niños en la salvación es definitivamente religioso y espiritual, no obstante esa responsabilidad descansa primeramente en los padres..

Para citar a Dabney una vez más: “el fin supremo de la institución de la familia  es tan distintivamente religioso y espiritual como el de la propia Iglesia. Los legisladores civiles hablan de la familia bien ordenada como de la unidad a partir de la cual se forman comunidades prósperas. Pero Dios le asigna a la familia una meta mucho más elevada y santa. La familia cristiana es el elemento constituyente de la Iglesia, el reino de la redención. Los detalles de la familia han sido escogidos y ordenados por Dios como el más eficiente de los medios de gracia: un medio más real y eficaz de gracia salvadora que todas las demás ordenanzas de la iglesia. Las mejores promesas del Evangelios le son hechas a la piedad familiar, tanto bajo la nueva dispensación como bajo la antigua”.9

En lo que respecta a alcanzar y educar a los niños para el Señor, el papel de la iglesia palidece en significado cuando se le compara con el papel que Dios les ha dado a las familias. De ahí la seriedad que tiene cuando los padres ponen su atención en alguna otra área, porque socavan la familia, la iglesia y la nación entera. Pero dé por cierto que Dios no tendrá a los padres por inocentes si se distraen de su responsabilidad y llamado primarios.

Cuando los padres ven de verdad el área de su responsabilidad bajo Dios con respecto a sus hijos, entonces las prioridades, objetivos y esfuerzos estarán en armonía con la visión generacional de Dios. No debemos imaginarnos que haya un patrón fácil por el cual se puedan calcar todas las familias. Cada padre deberá estar convencido por la Escritura acerca de los principios y objetivos  básicos que son comunes a todos, pero después, implementar esas verdades y cómo se verán en la vida cotidiana variará grandemente. Cada familia debe elaborar los detalles de su salvación con temor y temblor. Esto, sin embargo, comienza por los padres. Aunque es importante que un padre provea a su familia con el alimento adecuado, la ropa y el techo, esos son en realidad asuntos secundarios comparados con la magnitud de la responsabilidad de educar e instruir su casa en justicia. No obstante, muchos padres consideran eso cuestiones secundarias dentro de sus responsabilidades familiares e ignoran prácticamente la razón fundamental de su existencia.

La responsabilidad que descansa en los padres es ingente, y el tiempo que les ha sido dado para cumplir con su tarea es limitado. Es vital que cada padre identifique las cosas que le roban su tiempo limitado y le impiden tener éxito en sus responsabilidades hacia su casa, dadas por Dios. Cada padre también necesita identificar las cosas de su propia vida y en la vida de su familia que socavan lo que él está tratando de llevar a cabo. Tiene que identificar lo que lo distrae a él y a su familia de sus responsabilidades. Y necesita determinar cómo puede estar mejor equipado para cumplir con su alto llamamiento; esto es vital.

El objetivo del padre es alcanzar la madurez o la piedad en todo aspecto de su propia vida y en las vidas de los que pertenecen a su casa. El ejemplo de sacrificio del padre por el bien de otros debe ser reproducido en las vidas de todos los que son de su familia, de modo que cada uno pueda ser un ministro efectivo para el Señor. El objetivo final de la unidad familiar, no obstante, no debe estar en sí misma, sino en la gran tarea de dominio que Dios le ha dado a Su pueblo (Génesis 1:28. 29). Así que la responsabilidad del padre de instruir a su casa en justicia incluye identificar y desarrollar los llamamientos individuales de aquellos que están bajo su abrigo y exhortarles a usar sus capacidades dadas por Dios para extender Su gobierno sobre toda área de la vida. Esto requerirá que el padre sea conscientemente bíblico en todo su pensamiento y rompa audazmente con todas las zonas de comodidad que han sido formadas por las tradiciones, sean tradiciones de la iglesia u otras. Todo lo que no tenga un enfoque distintivamente bíblico debe ser visto como un impedimento y echado fuera.

Que nosotros, como padres, nos comprometamos a esta tarea por fe, confiando en la manera ordenada por Dios y no temamos los rostros de los que detesten al Señor y no se inclinen ante Su Palabra. Requerirá gran coraje y sacrificio, pero la meta es gloriosa: Que de buen grado pongamos nuestras vidas, sin tener en cuenta el costo, para que las futuras generaciones, que no han nacido aún, puedan cosechar los beneficios No estamos desperdiciando nuestras vidas cuando las pasamos de una forma que es consistente con la voluntad y el designio de Dios

La Iglesia debe ayudar a equipar a los padres para la obra a la que han sido llamados, pero al equiparlos, los métodos que se usen no deberán socavar el énfasis bíblico que coloca la responsabilidad en el padre de alcanzar madurez, para que pueda conducir a su familia hacia la madurez. El padre debe sentir y llevar el peso de esto, y la iglesia está para ayudarle a hacerlo. Eso debe ser en objetivo primario de la iglesia cuando busque equipar a los santos para la obra del ministerio

El pastor Schneider es un gran ejemplo de devoción y coraje, pero creo que un padre necesita el mismo tipo de devoción simple a la verdad, el coraje, el celo y el sacrificio, si es que va a implementar esas cosas en la vida de su familia y tener éxito en el llamado que Dios ha puesto sobre él. Los padres piadosos que tienen un enfoque familiar bíblico deben ser admirados al menos tanto como los hombres como Schneider.

“Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él ” (Génesis 18:19). Les exhorto a creer a Dios.


1. Wayne Johnson, “Paul Schneider, the Martyr of Buchenwald” Leben: a Journal of Reformed life, Nro 1, Enero-marzo 2005, 7–8, 17. City Seminary of Sacramento, CA, www.cityseminary.org.

2. Ibid., 8.

3. R. L. Dabney enseñaba que “la familia es… el elemento del cual se constituye la sociedad.. [Y] la Iglesia Visible es una sociedad humana organizada, constituida con familias cristianas como elementos. Dabney sostenía que los creyentes que se oponían al bautismo de infantes no entendían que el ladrillo fundamental para construir el Reino de Dios eran las unidades familiares. Decía: “Esos cristianos descartan el concepto bíblico de la Iglesia Visible como un cuerpo organizado cuyos elementos son “casas” cristianas y adoptan la teoría impracticable y no escritural de una iglesia visible formada por individuos regenerados”. (Systematic Theology [Edinburgh: Banner of Truth Trust, 1985], 794–795).

4. Sabemos que dicho profeta, al que Malaquías llama “Elías” será un profeta que vendrá con el mismo espíritu y poder de Elías. Según Jesucristo, eso fue cumplido con la llegada de Juan el Bautista (Mateo 11:10).

5. R. L. Dabney, “Parental Responsibilities,” [“Responsabilidades de los padres”] Discussions of Robert Lewis Dabney, Vol. 1 (Edinburgh: Banner of Truth Trust, 1982), 676–677.

6. Ibid., 677.

7. Ibid., 687.

8. Ibid., 691.

9. Ibid, 692–693.

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