El primer Cumplidor de Promesas

By Christopher J. Ortiz

“Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré.” — Mateo 26:33

El corazón le saltaba en el pecho mientras atravesaba el pequeño mar de mantos desteñidos. Aunque la noche estaba inusualmente fría, el sudor le goteaba por debajo de sus rizos oscuros mientra buscaba un lugar apartado desde el cual pudiera todavía ver a su maestro. Los guardas del templo gritaban y empujaban a los curiosos a un lado, haciendo aún más difícil escuchar lo que el sumo sacerdote le estaba diciendo a Jesús.

Las voces subieron de tono mientras el tumulto aumentaba, y Pedro empezó a preocuparse más y más de que lo reconocieran como un “seguidor de Jesús”. Durante los últimos tres años y medio, a Pedro no le había importado que lo reconocieran. El discípulo impetuoso quería que la nación entera supiera que su rabino era el libertador de Israel. Jesús era el hacedor de milagros, y el Hombre que podía atravesar turbas airadas sin ser tocado había envalentonado al pescador, ya de por sí arrogante. La pequeña y unida banda de discípulos era indetenible, y todo el temor desapareció rápidamente, porque su líder podía caminar sobre el agua, multiplicar los panes y confundir, tanto a los líderes religiosos, como a los dirigentes romanos.

Pedro no estaba solo en ese sentido falso de orgullo. Los discípulos regularmente le pedían a Jesús un cargo. Santiago y Juan —los hijos de Zebedeo— habían pedido estar a los lados de Jesús, a la diestra y la siniestra de Su trono cuando Él viniera en Su gloria (Marcos 10:37). Pero nadie podía igualar la posición “terrenal” de que disfrutaba Pedro. Era una especie de consejero —al menos, lo era en su propia opinión. Era rápido al hacer reprensiones a nombre del Hijo de Dios, y Cristo a menudo respondía esos imprudentes reproches avergonzando a Pedro. Pero nada de eso había apagado las brasas que ardían en el pecho de Pedro, y en el momento de mayor peligro para su acongojado Maestro, Pedro hizo el compromiso más grande.

Quiere zarandearlos como a trigo

Como a Job, Satanás deseaba probar el carácter de Pedro (Lucas 22:31). Jesús le advirtió a Pedro sobre la prueba que se le y le aseguró que al prinicpio iba a fallar la prueba: “Pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos” (v. 32).  Esto no le cayó bien al superconfiado discípulo: “¿Se ha olvidado Jesús de que yo dejé mis redes de pesca y le seguí sin tener idea de adónde iba? ¿Lo abandoné yo como los demás cuando predicó eso de comer Su carne y beber Su sangre? Siempre he estado aquí en los momentos más difíciles. ¿Cómo puede decir que mi fe va a faltar?”

Pedro respondió: “Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré.” (Mateo 26:33). Él no tenía idea de hasta qué punto le estaba siguiendo el juego al diablo. Se había olvidado de la admonición escritural de su juventud, que decía: “No se deleita en la fuerza del caballo, ni se complace en la agilidad del hombre” (Sal. 147:10). Dios no confiaba en la capacidad carnal del hombre. Mas bien “Se complace jehová en los que le temen, y en los que esperan en su misericordia” (v. 11). Pero Pedro, lleno de celo y seguro en demasía de su propio compromiso, le hizo la promesa a Jesús de que aunque todos los demás discípulos se apartaran, él se mantendría firme en el tiempo de la tribulación.

El temor al hombre y la negación de Cristo

No fue en la punta de una espada romana que Pedro negó siquiera haber conocido el nombre de Jesús. No estaba parado delante del sumo sacerdote cuando simulaba ser un espectador curioso que miraba el tumulto en la madrugada. Más bien fue al sonido de la acusación de una joven: “También éste estaba con él”  (Lucas 22:56); fue el que otra persona lo reconociera lo que forzó a Pedro a “maldecir y a jurar: No conozco al hombre” (Mt. 26:74). Su denuncia fue tan vehemente, que Jesús se volvió y fijó sus ojos en Pedro (Lucas 22:61). Y el gallo cantó por tercera vez.

La negación de Cristo por Pedro es una de las pocas historias incluidas en los cuatro Evangelios. Cada uno da muchos detalles, de manera que Pedro debe haber puesto de su parte para asegurarse de que su más grande pecado quedara registrado. Aparentemente hay grandes lecciones que aprender del momento más vergonzoso de su vida.

Teología básica

Hay también una gran teología para colegir aquí. Podemos aprender mucho sobre lo que Dios espera del hombre y cómo el hombre debe mirar su relación con su Creador. El Catecismo Breve de Westminster le pregunta a los niños: “¿Qué es lo que enseña la Biblia en primer lugar?”.  La respuesta abreviada es: “La Biblia enseña, en primer lugar, que el hombre debe creer en Dios y en lo que Dios requiere del hombre.”1

La teología básica debe rehacer nuestro concepto de Dios. Digo “rehacer” porque nuestra tendencia pecadora es colocar al hombre en el centro del mundo y por tanto empujar a Dios hacia la periferia. No nos damos cuenta del efecto que eso tiene sobre nuestra perpectiva cristiana. Dios se vuelve pronto un servidor nuestro. La salvación se convierte en algo que Dios nos debe (¡¡para que no ocurra una cosa injusta y terminemos en el infierno!!). Cualquier cosa que hagamos por Dios, por tanto, es un favor —se convierte en algo por lo que podemos exaltarnos.

La teología básica debe mostrarnos la verdad dolorosa, pero necesaria, de la naturaleza del hombre. Para demasiados cristianos la doctrina del hombre es que él es esencialmente bueno, pero que lucha contra un defecto molesto llamado “pecado”. El hombre merece ser redimido, porque tiene algo que Dios quiere —Dios busca desesperadamente la comunión con el hombre y ha enviado a Cristo para asegurársela.

La teología básica debe revelar también lo que Dios espera de nosotros. En lugar de los términos desgastados de “valores piadosos” y “principios bíblicos”, las escrituras nos presentan mandamientos, estatutos, preceptos y juicios . Los valores y principios son conceptos vagos y flexibles que nos conceden un amplio margen para determinar cómo vamos a vivir. El hombre moderno está buscando tales principios espirituales. Al final esto reduce a la fe cristiana a una versión bautizada del budismo, en el que los creyentes se preocupan más de las claves y principios para una vida feliz en vez de las leyes que enseñan a los hombres a glorificar mejor a Dios. Como señala Rushdoony: “La preocupación principal de la mayoria de los miembros de las iglesias no son las batallas del Señor, ni la urgencia de asumir una posición contra el compromiso, sino ‘¿Cómo puedo disfrutar mejor de la vida?’”2

La teología de un Cumplidor de Promesas

Como se señaló antes, la negación de Cristo por Pedro recibe un amplio espacio en todos los cuatro Evangelios del Nuevo Testamento. A pesar de las cuatro perspectivas de la audacia del celoso galileo, la mayor parte del cristianismo moderno está ubicada en el mismo sostén endeble que cedió rápidamente bajo el orgullo de Pedro. En la teología de Pedro, el hombre tenía que hacer un compromiso con Dios porque la ética del hombre era algo que él creaba. El hombre le dice a Dios lo que va a hacer por Él. El hombre no espera que Dios se lo diga antes.

En los últimos 17 años hemos presenciado un movimiento cristiano establecido firmemente en la teología equivocada del Pedro no salvo,; un movimiento que buscaba hacerle un servicio a Dios, pero que ha dejado un residuo teológico que mina la dedicación cristiana. Como en todas las desviaciones teológicas, la víctima es siempre la ley de Dios. La tendencia de los hombres llenos de celo es “invalidar el mandamiento de Dios por vuestra tradición” (Mt. 15:6), y el movimiento masculino de los Cumplidores de Promesas ha creado una nueva tradición establecida sobre lo que los hombres prometen a Dios.

En 1990, el entrenador de fútbol de la Universidad de Colorado Bill McCartney obedeció una “inspiración” que había recibido y llenó el estadio local con miles de hombre que se reunieron en busca de aliento, edificación y equipamiento. Los Cumplidores de Promesas se desarrollaron rápidamente en unos pocos años, la visión de McCartney se realizó y el movimiento se hizo nacional.

Hasta ese momento, una Buena cantidad de las iglesias tradicionales estaban involucradas en organizaciones cristianas como la Fraternidad de Hombres de Negocio del Evangelio Completo y la Fraternidad de Atletas Cristianos. Sin embargo, aquellas eran reuniones limitadas de propietarios de negocios y de atletas adolescentes; no eran cpaces de satisfacer las “necesidades evidentes” de los millones de hombres que McCartney sentía que necesitaban desesperadamente ministración.

Como se dice con frecuencia, una buena parte del cristianismo contemporáneo es esencialmente una fe femenina. Términos afeminados como intimidad, relación, encuentro y toque permean muchos sermones, mientras que los santuarios son adornados con flores, colores pastel e imágenes suaves de escenas bíblicas. Si se dirigen a los hombres en un servicio religioso, a menudo es para reprenderlos por su asistencia irregular y por un comprometimiento no confiable. Eso deja a los hombres silenciosos y agitados, mientras sus problemas personales hierven justo debajo de la superficie de brazos cruzados y ceños fruncidos.

Un nuevo ambiente para el ministerio de los hombres

El movimiento de hombres de McCartney llegó justo en el momento apropiado. La caída de la Unión Soviética eliminó el espectro de un enemigo extranjero. La autoindulgencia de los ’80 había dado paso a la desilusión y a la ausencia de una direccón personal. El advenimiento de la Internet puso la pronografía al alcance de hombres que nunca hubieran traspasado el umbral de un sucio show de voyeurismo, pero que ahora eran atraídos por la perversión digital y el sexo privado. Para empeorar el dilema masculino, estaba la continua recesión de finales de los ’80, junto con la globalización creciente y la fuga de puestos de trabajos al extranjero.

Los hombres estaban listos para algo diferente, algo que les inspirara a encontrar su lugar en un mundo que estaba echando al lado a los hombres. Lo encontraron en las reuniones masivas de las conferencias de los Cumplidores de Promesas. Era un vínculo masculino por excelencia, y una nueva raza de hombres cristianos resolvían sus crisis sociales haciendo una “dedicación sin compromisos a Cristo”. Todo parecía tener sentido. Dios quería obtener más de los hombres, y los Cumplidores de Promesas les proveían de un “libro de reglas” para hacer que sucediera.

El nombre de “Cumplidores de Promesas” se basa en las siete promesas que constituyen el credo ético de la visión de McCartney de lo que es un nuevo hombre:

  • Un Cumplidor de Promesas está comprometido a honrar a Jesucristo mediante la adoración, la oración y la obediencia a la Palabra de Dios en el poder del Espíritu Santo.
  • Un Cumplidor de Promesas está comprometido a buscar relaciones vitals con unos cuantos hombres más, entendiendo que necesita hermanos que le ayuden a cumplir sus promesas.
  • Un Cumplidor de Promesas está comprometido a practicar la pureza espiritual, moral, ética y sexual.
  • Un Cumplidor de Promesas está comprometido a edificar matrimonios y familias fuertes a través del amor, la protección y los valores bíblicos.
  • Un Cumplidor de Promesas está comprometido a apoyar la misión de su iglesia honrando a su pastor y orando por él y dando activamente su tiempo y recursos.
  • Un Cumplidor de Promesas está comprometido a atravesar cualesquiera barreras raciales y denominacionales para demostrar el poder de la unidad bíblica.
  • Un Cumplidor de Promesas está comprometido a infuir en su mundo con su obediencia al Gran Mandamiento (Marcos 12:30-31) y a la Gran Comisión (Mt. 28:19-20).3

El movimiento se desarrolló rápidamente a encuentros regionales que atestaban  las instalaciones deportivas y estadios al aire libre que usualmente estaban llenos de fanáticos del deporte profesional o de aficionados. Decenas de miles de hombres de todos los trasfondos  denominaciones se reuniían para escuchar mensajes, orar y arrepentirse. Los asistentes normalmente se marchaban “encendidos” para llevar este entusiasmo masculino a sus iglesias. Los grupos de hombres crecieron exponencialmente.

Hay obviamente muchas exhortaciones escriturales contenidas en las Siete Promesas de un Cumplidor de Promesas. Sin embargo, la idea básica detrás de los Cumplidores de Promesas es explícitamente arminiana. Una vez más el hombre planea nuevas e innovadoras formas de “hacerle a Dios un servicio”. ¿De alguna manera las siete promesas son más fáciles que los diez mandamientos? ¿Le ha pedido Dios al hombre que cree diversos medios y métodos para glorificarle?

Para empeorar las cosas está la calumnia reiterada de “legalismo” que nosotros los teonomistas escuchamos a menudo, a causa de nuestro énfasis en la ley bíblica. Pero los grupos como los Cumplidores de Promesas demuestran que ellos son más legalistas con su invento de nuevas normas y prioridades en el servicio cristiano —esa es la definición de legalismo. Son como el Apóstol Pedro en que prometen a nuestro Señor lo que van a hacer por Él. Y, como con Pedro, el orgullo antecede a la caída.

 “Corazón salvaje”

Los Cumplidores de Promesas han ayudado a surgir a una plétora de ministerios y programas orientados a los hombres. En los últimos años, libros como el de John Eldredge, Wild at Heart: Discovering the Secret of a Man’s Soul [Corazón Salvaje: Descubriendo el secreto del alma del hombre] han alentado a los hombres a “ser hombres”, a vivir con la supuesta aspereza masculina que está reprimida dentro de sus partes internas. El libro de Eldredge está repleto de referencias a las películas que ha visto, las montañas a las que ha subido, los ríos en los que ha pescado y a la miríada de otras aventuras de macho que ha corrido. Su tesis es que los hombres tienen un “corazon salvaje” y por tanto deben responder al “llamado de la selva”.

Esta línea de pensamiento ha inspirado a nuevos grupos de hombres como los GodMen, cuya consigna dice: “Cuando la fe se torna peligrosa”. Su sitio web se jacta de eventos de los GodMen que van más allá de los anteriores movimientos de hombres: “Más poderosos, rudos y reales que ningún otro evento de hombres que usted conozca.”4 Esas conferencias a puertas cerradas exhiben un lenguaje casi profano cuando los hombres salmodian de la adicción a la pornografía y otros vicios. El líder del grupo es un comediante, Brad Stines, que regularmente rasga el sobre de la decencia en un esfuerzo por “ser real” con los hombres.

En adición a la terapia de grupos sobre el pecado habitual, los GodMen, como Eldredge, buscan “celebrar el espíritu masculino”. Esto es ir más allá del énfasis en el ministerio de los hombres de los Cumplidores de Promesas para llegar a una glorificación casi espartana de la masculinidad. Sin duda, las películas cargadas de testosterona como Gladiador y Los 300 se acomodan a esta mentalidad. Para los movimientos modernos de hombres, la hombría significa masculinidad. Eso es un grosero extravío del concepto escritural de lo que es un hombre.

Hombría quiere decir responsabilidad

En el sobresaliente estudio de R. J. Rushdoony de la psicología bíblica, Revolt Against Maturity [Rebelion contra la madurez], su tesis es una de las más profundas que yo he leído. En un intento por corregir los soportes freudianos y darwinianos de la psicología contemporánea, Rushdony cambia radicalmente el punto de partida de la psicología hacia bases puramente bíblicas:

La psicología humanista mira atrás hacia un pasado primitivo para explicar al hombre, mientras que la psicología bíblica no mira al niño ni a un pasado primitivo, sino a una creación madura, Adán, y al propósito de Dios al crear al hombre. Si el hombre en su origen es el producto de un largo pasado evolutivo, entonces es mejor comprendido en términos del animal, el salvaje y el niño. Sin embargo, como el hombre era en su inicio una creación madura, su psicología es mejor comprendida en términos de ese hecho. Los pecados y defectos del hombre no representan un primitivismo remanente ni una reversión a la niñez, sino más bien una deliberada rebelión contra la madurez y contra las exigencias de la madurez. Al atribuirle al hombre, como hacen las psicologías humanistas, un sustrato básico de primitivismo e infantilismo racial, se le da una justificacion ideológica a esta rebelión contra la madurez.; la inmadurez estudiada y desarrollada del hombre es estimulada y justificada. Si en vez de eso, se le recuerda al hombre que fue creado en Adán con madurez y responsabiliad, su autojustificación se hace añicos ... El hecho de una creación madura es uno de los hechos básicos y más importantes de una psicología bíblica. Es un hecho de una importancia incalculable.5

El hombre fue creado completamente maduro y se le dio una responsabilidad, un trabajo, si as´ñi lo desean. Su trabajo era intelectual (nombrar a los animales), físico (mantener el jardín), emocional (tratar con su esposa), y espiritual (tener comuicón con Dios). Esas son todas las responsabilidades presentes delegadas a los hombres modernos, Irónicamente, los hombres que asisten a eventos como los de los Promise Keepers y GodMen están fallando en parte debido a su anti-intelectualismo, la falta de comprensión del lugar de la mujer, la pereza y una falsa espiritualidad.

Rushdoony tiene razón. No hay respuestas para esos hombres en el Prozac, ni en escudriñar su niñez. Sus problemas están directamente relacionados con su rebelión contra la posición madura a la que los ha llamado Dios. Sus pastores les han fallado, porque han reforzado las ideologías falsas de los movimientos modernos de hombres, y el enfoque terapéutico de los Cumplidores de Promesas y los GodMen lo único que están haciendo es crear una separación mayor entre los hombres y sus responsabilidades.

¿Necesitamos la terapia masculina de grupos?

“Pero Chris, ¿qué hay con los individuos que están enviciados con la pornografía? ¿No tenemos que disponer de un fórum de alguna clase para que los hombres saquen a relucir esas cosas?” No hay fórums de ninguna clase mencionados en las Escrituras. Solo hay instrucción bíblica. A los jóvenes se les amonesta: “Huye... de las pasiones juveniles” (2 Tim. 2:22), y a los hombres casados se les manda: “Bebe el agua de tu misma cisterna” (Prove. 5:15-20). Es así de sencillo.

“Pero, ¿y si los hombres están luchando contra una adicción sexual de la cualno pueden librarse”. Oh, pero sí pueden, si consideran a  “aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo.  En la lucha que ustedes libran contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su sangre” (Heb.12:3-4 NVI). La mayoría de los hombres, incluyéndome a mí, somos éticamente débiles. Somos capaces de mucho más, pero estamos con el ánimo cansado hasta desmayar (RVR) y no nos damos cuenta de que somos capaces de llegar al extremo de derramar nuestra sangre en la resistencia contra el pecado. Simplemente no queremos.

Ser un hombre significa ser responsible, y serlo sin quejarse. Si usted puede escalar una montaña para probar su hombría, entonces puede amar a su esposa como Cristo ama a la Iglesia. Si no, entonces subir una montaña es relativamente fácil. Si viviendo salvajemente masculino es como usted determina su hombría, entonces está burdamente equivocado y se dirige hacia un fracaso mayor. Dios no quiere que usted viva salvaje. Él quiere que esté callado (Prov. 10:19; 17:28), trabajando con sus manos (Ef. 4:28;  1 Tes. 4:11) y cumpliendo con Sus mandamientos (1 Juan 5:3).

El alma masculina

Un alma masculina es aquella que está conforme y apasionada con las responsabilidades que Dios le ha dado. Los hombres de verdad no necesitan las groserías ni una licencia de caza para sentirse más masculinos. Los hombres de verdad comprenden que tienen una tarea que realizar, y la hacen con diligencia y paciencia, sabiendo que una recompensa les aguarda.

Nuestro Señor no dijo: “Si me amáis, cumplid vuestras promesas”. En lugar de eso, dijo: “Guardad mis mandamientos” (Juan 14:15). No demostramos nuestro amor a Dios elaborando una lista de lo que consideramos importante y luego luchando por cumplirla. El amor genuino a  Dios reconoce que Él ha hablado infaliblemente en Su palabra y que nuestra única respuesta debe ser una obediencia voluntaria.

El Apóstol Pedro aprendió eso por experiencia propia, y el relato de su humillante caída está registrado para todas las generaciones. Pedro le hizo la “promesa” a nuestro Señor de que no lo iba a negar. Antes del amanecer, Pedro lo había hecho tres veces. Eso sirve de lección a todos los futuros “cumplidores de promesas”, que partir de su propio concepto de lo que Dios espera de usted lo conducirá a vergozosos momentos de negación.

Conclusión

Aunque no he podido hallar la referencia, recuerdo una historia que apareció en un número pasado de The Chalcedon Report [El Informe de Calcedonia] por Brian Abshire, en la cual él recordaba un encuentro con un amigo que hacía poco que había regresado de una reunión de los Cumplidores de Promesas. Con entusiasmo le contaba a Brian que había tendio necesidad de ir y escuchar este nuevo mensaje para los hombres. Brian sencillamente le respondió que ya había experimentado lo que prometían los Cumplidores de Promesas porque ¡él asistía a una Iglesia Reformada!

Algunos de los hombres más piadosos que conozco proceden de la fe reformada: Calvino, Knox, Hodge, Warfield ,Dabney, Machen, Van Til, Rushdoony, y otros; todos ellos son ejemplo  de una ética inigualada en el trabajo y un sentido de responsabilidad. Sin duda esos fundadores de acero son resultado directo de una versión igualmente masculina de la fe cristiana. No es una fe que se dedica a darse golpes de pecho, sino una que exalta tanto al Creador y a su Palabra/Ley que el hombre se queda con una conciencia inmensa de su responsabilidad ante el Creador. Eso es la hombría bíblica.

El Salmo 12 comienza diciendo: “Salva, oh Jehová, porque se acabaron los piadosos; porque han desaparecido los fieles de entre los hijos de los hombres” (Sal. 12:1). Si seguimos tomando al hombre y su moralidad inventada como nuestro punto de partida, pronto veremos al hombre fiel desaparecer. Él no es el que desaparece, sino su fidelidad. Una moralidad basada en el hombre se rinde rápidamente cuando se halla bajo amenaza, porque ¿por qué habría yo de ser fiel a lo que he creado? Yo sencillamente reduciré, o redefiniré mis normas para acomodar mis debilidades.

Estamos en un tiempo que en sentido colectivo es similar a la negación de Cristo por Pedro. Mientras nuestro Señor es interrogado por los incrédulos, los estatistas y las religiones apóstatas, Su pueblo está ocupado con nuevas maneras de hacer cristianismo, maneras que quitan el énfasis de la ley de Dios. Semejante versión del cristianismo se vendrá abajo fácilmente bajo la tribulación genuina. Estamos construyendo sobre el pantano de arena, cuando debíamos estar construyendo sobre la roca sólida de oír Sus palabras y hacerlas (Mateo 7:24-27). Debe predicarse un solo mensaje: ¡A la ley y al testimonio! (Isaías 8:20).


1. Douglas Kelly y Philip Rollinson, The Westminster Shorter Catechism in Modern English [El Catecismo Breve de Westminster en Inglés Moderno] (Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing, 1986), 5.

2. Rousas John Rushdoony, Chariots of Prophetic Fire: Studies in Elijah and Elisha (Vallecito, CA: Ross House Books, 2003), 2.

5. Rousas John Rushdoony, Revolt Against Maturity: A Biblical Psychology of Man (Vallecito, CA: Ross House Books, 1987), 6f.

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