From the President: Del Presidente El Propósito de la Educación

By Rev. R.J. Rushdoony

El hombre no es básicamente un ser racional; es una criatura de fe. Su razonamiento está basado en lo que cree o presume ser cierto. Eso sucede porque el hombre es una criatura. Su ser y su pensamiento son derivativos, no creativos. El hombre no ha creado nada. El hombre se encuentra como residente transitorio en el mundo de Dios, gobernado por la ley de Dios. La rebelión del hombre no cambia lo que él es, lo que Dios es, ni el orden de Su universo.

La rebelión del hombre sí tuerce toda su comprensión del mundo. Cuando los hombres empezaron a creer la mentira de Satanás de que “seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal” (Génesis 3:5), asumieron que todos los temas eran prerrogativa suya: la ética, la religión y todo lo demás. Una vez que el hombre basa su razonamiento en la fe de su propia versión de la verdad, trata de aplicar su nueva verdad universalmente. Todas las fes se dirigen a una aplicación universal. Si algo es verdadero, se desprende que las otras cosas no son verdaderas. En la educación pública vemos como el humanismo predominante excluye todas las expresiones cristianas; una visión de la realidad lógicamente excluye a todas las demás.

Para el hombre que está en rebelión contra Dios, el mundo es una masa de datos en espera de interpretación. El hombre por largo tiempo ha buscado una idea por la cual interpretar el mundo, un principio general que pueda aplicar a la realidad. Pero, como pecador, el hombre prefiere una forma de interpretar los hechos que sirva a sus propósitos

El gran principio general desde la época de Darwin ha sido la evolución. Es el marco que sostiene todo el pensamiento moderno. Es valioso para el hombre, no porque tenga sentido, sino porque le permite tener fe en sí mismo: le permite al hombre justificar intelectualmente aquello en lo que quiere creer. Fue por eso que Marx y Engels se alborozaron cuando Darwin publicó por primera vez su Origen de las Especies; su naturalismo quería decir que la historia tenía que interpretarse en términos materiales.

Veamos ahora el ámbito de lo que abarca la Palabra de Dios. La Biblia nos da el comienzo del universo, su fin, su ley moral y el acceso del hombre a su Soberano. Al hacer esto nos da la dirección de la Historia, la base de la ciencia en el orden de Dios y en Su acto creativo y una comprensión completa de cómo el hombre debe mirar el mundo y actuar en él, tanto en su llamamiento como en su vida personal. La Biblia nos da una perspectiva amplia, la más amplia, de toda la historia humana y sin embargo, obliga al hombre a enfrentar cara a cara su propia vida personal y sus acciones incluso hasta los pensamientos de su corazón. Le dice al hombre cuál es su lugar dentro del cuadro general. La Biblia brinda una sorprendente cantidad de información para su tamaño.

La Educación Cristiana está motivada por el cuadro general de la Biblia y su relevancia para el individuo. Habla de lo que significan para la historia humana la Creación, la salvación y la redención de Dios, pero también para la cultura del hombre, su familia y su propia responsabilidad personal. La Educación en los términos de la Palabra de Dios remite al hombre a la misericordia de Dios y al llamado del hombre, a su deber de servir fielmente al Señor.

La Educación Cristiana no busca un principio general porque sirve al maestro. No sigue los principios del Maestro, sino Su eterna ley y Palabra. No sirve a cierta idea grandiosa sobre Dios, sino al Dios soberano, pero bien personal, que se revela en Su Palabra.

Para el cristiano que sirve a Dios como a una Persona, no como a una idea, y que se somete a su Palabra como a ley, no como a un principio, la realidad es entendida como centrada en el trono de Dios. Los pecadores gustan seguir ideas y principios. Las ideas son necesariamente productos de las mentes de los hombres y desarrolladas por ellos. Se aplican de diversas formas, moldeadas a distintas situaciones, debatidas y alteradas según decreta la sabiduría colectiva humana. Al final, las ideas pueden ser descartadas si los hombres consideran que ya no son de utilidad. De la misma manera los principios, aunque conceptualmente son más duraderos, también están sujetos a las múltiples aplicaciones y calificaciones del hombre. Las ideas no son absolutas como lo es la revelación del Creador y Sostenedor del universo. Los principios no son mandamientos eternos de Dios.

El propósito de la Educación Cristiana es eliminar todas las pretensiones conceptuales de la soberanía del hombre y dirigir al estudiante (de cualquier edad) hacia Dios como fuente de todo entendimiento. El hombre es entonces instruido a someterse a Dios como Señor, no a regularlo por medio de ideas tal y como son controladas por la razón del hombre, ni por principios aplicados selectivamente a discreción del hombre.

Adicionalmente, cuando miramos a Dios como fuente de toda realidad, debemos ver todos Sus atributos y dones conjuntamente. Si tomamos uno o unos pocos atributos de Dios que nosotros preferimos, y los aislamos, crearemos un Dios abstracto, uno separado del Dios de la Escritura.

Cuando la Escritura dice: “Dios es amor”, no significa que el hombre puede tomar su idea artificial, romántica, del amor y hacer a Dios responsable de ella. Eso sería hacer un ídolo de ese dios artificial. Más bien “Dios es amor” significa que el hombre entiende lo que es el amor: conforma su idea del amor a la revelación de Dios en la Escritura. “Dios es amor” nos guía en nuestra comprensión del “amor”, no en nuestra definición de Dios. Eso quiere decir que el amor de Dios de ninguna manera impide Su juicio, igual que la gracia de Dios nunca impide Su justicia. No podemos separar ideas ni atributos individuales de Dios y llamarles Dios, ni tampoco podemos extraer principios y llamarles mandamientos.

Estamos llamados a someternos nosotros, nuestros pensamientos, nuestras familias, nuestros llamados y nuestras vidas a todo lo que Dios es. Nos sometemos al Dios de la Escritura, no al dios limitado que conceptualizamos. Este es nuestro llamamiento como pueblo de Dios y el propósito de toda educación.


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