La importancia de la educación hogareña

By Samuel L. Blumenfeld

(Discurso pronunciado ante la Asociación de Educadores Cristianos de California, en su reunión anual de 2000)

Es un placer poder discutir la importancia de la educación hogareña para nuestra nación. Ahora estamos apenas comenzando a entender cuán profundamente significativo se ha tornado el movimiento de las escuelas hogareñas, particularmente en este momento de nuestra historia en que estamos empeñados en una guerra cultural de gran envergadura entre el humanismo y el cristianismo, en el que los funcionarios oficiales pueden comportarse de manera totalmente contraria a lo que la Constitución nos dice que es permisible.

Por ejemplo, cuando los agentes federales son usados para invadir un hogar y apoderarse de un niño a punta de pistola y entregárselo a su padre comunista, que quiere llevarlo de vuelta a la Cuba comunista, debemos preguntarnos: ¿Es esta la manera apropiada de resolver un caso de custodia? Los litigios de custodia se supone que sean resueltos por los tribunales, no por los equipos de la policía especial. Pero la pobre y confundida Janet Reno, que fue responsable del ataque a Waco que culminó con la incineración de unos 80 hombres, mujeres y niños, no parece haber aprendido mucho de su error anterior

La excusa utilizada en ambos casos, el de Waco y el de Elián, fue la de que era necesario rescatar a los niños del abuso. Usaron psicólogos charlatanes para fabricar la acusación de abuso infantil sin haber siquiera entrevistado a los niños. ¿Tiene ustedes alguna duda de que haya psiquiatras en los Estados Unidos que estarían más que dispuestos a testificar que un niño enseñado en casa está siendo abusado por sus padres, porque le niegan la socialización en una escuela pública?

Muchos educadores consideran que los maestros hogareños son fanáticos. Por ejemplo, uno de tales educadores, un profesor llamado David Blacker, escribió en el número de febrero de la American Journal of Education [Revista Americana de Educación] un artículo titulado “Fanatismo y enseñanza en el Estado democrático”, en el cual decía:

Tanto en su formas terroristas espectaculares y quizás más aun con sus agendas institucionales más calladas que están actualmente en expansión, lo que llamaré fanatismo desafía al Estado democráticamente constituido en su propia esencia. En ninguna otra parte este desafío es más agudo que en la esfera educativa, en la que movimientos telúricos en el sistema de escuelas públicas de los Estados Unidos, que ya tiene un siglo de edad, han dado origen a una gama de iniciativas particulares como escuelas privadas, becas, derechos de los progenitores, una  variedad de etnocentrismo, la educación hogareña como movimiento nacional que provee cobertura y legitimización a una plétora de grupos fanáticos ensoberbecidos... Las escuelas dirigidas por fanáticos, como demostraré, actúan tan severamente contra esos postulados democráticos que, sea lo que sea que decidamos hacer o probar, no debemos permitirlas bajo ninguna forma...

Obviamente, el prfesor Blacker difícilmente sea un partidario de la libertad de educación.¿Quieren saber cómo define él a un fanático? Él escribe: “Un fanático... debe poseer creencias que se caractericen tanto por su testarudez como por su integralidad.”

Los cristianos, por supuesto, son conocidos por su creencia testaruda en Dios, su adherencia testaruda al Evangelio de Jesucristo y su cosmovisión integral bíblica, que difiere radicalmente de la cosmovisión de los humanistas seculares, los ateos, los comunistas y los socialistas.

No creo exagerar si digo que estamos de veras envueltos en una guerra civil cultural, cuyo resultado determinará si los Estados Unidos seguirán siendo la tierra de la libertad individual y religiosa que hemos heredado de nuestros antepasados, y si seremos capaces de trasladar a las generaciones futuras este precioso legado de libertad.

Vean ustedes, a los totalitarios de los Estados Unidos no les gusta lo que ustedes están haciendo, porque se han liberado de la educación estatal; se han liberado de las instituciones gubernamentales que quieren lavarles el cerebro a sus hijos para que sean siervos obedientes del Estado.

Así que, quiéranlo ustedes o no, se han convertido en un baluarte frente a la tiranía del gobierno. Esa es la realidad que deben enfrentar todos los educadores hogareños. Y debemos enfrentarla alegremente, creyendo que la mayoría de los americanos quieren de veras lo que nosotros queremos: niños bien instruidos, bien educados, creados a la imagen de Dios, que amen a Dios y a su país. Lograr la libertad educacional no ha sido fácil, pero con la ayuda de la Home School Legal Defense Association [Asociación de Defensa Legal de la Educación Hogareña] los educadores hogareños han podido hacer valer sus derechos de padres a educar a sus hijos de acuerdo con sus propias creencias y valores.

En lo que respecta a los académicos, ustedes han demostrado, mediante sus experiencias, que son mejores educadores que los profesionales del sistema del gobierno. ¡Qué afrenta para esos profesionales certificados! ¿Cómo es que ustedes, simples progenitores, puedan ser mejores educadores que ellos? Pero ustedes lo son por una razón sencilla: ustedes de verdad creen en la educación, mientras que los profesionales ya no. Ellos ni siquiera saben cómo enseñar a los niños a leer, a escribir o las matemáticas. De hecho, su objetivo declarado es embrutecer a la nación para que ellos puedan imponer su gobierno sobre nosotros sin ninguna o con muy poca resistencia.

¿Increíble? Permítanme citar a un profesor de alto rango de Harvard, Anthony D. Oettinger, presidente del Programa para Política de Recursos de Información de esa universidad y miembro del Consejo de Relaciones Exteriores.  En 1982 dijo:

Nuestra idea de la alfabetización, me temo, está obsoleta, porque descansa sobre una definición congelada y clásica. El concepto presente y tradicional de la alfabetización tiene que ver con la capacidad de leer y escribir. Pero la cuestión real a la que nos enfrentamos hoy es: ¿Cómo ayudamos a los ciudadanos a desenvolverse bien en su sociedad? ¿Cómo adquieren las habilidades necesarias para resolver sus problemas? ¿Queremos realmente enseñar a la gente a hacer muchas sumas o a escribir con letra bonita cuando tienen una calculadora portátil de cinco dólares o un procesador de textos para trabajar? ¿O queremos realmente tener a todo el mundo alfabetizado, escribiendo y leyendo en el sentido tradicional, cuando tenemos los medios en nuestra tecnología para alcanzar un nuevo florecer de la comunicación oral? ¿De qué nos sirven el reconocimiento del lenguaje y la síntesis del lenguaje, si no conducen a reducir la carga que imponen al individuo los conceptos de alfabetización que son producto de la economía yla tecnología del siglo 19?

Yo podría escribir un libro criticando los puntos de vista del profesor de Harvard sobre la alfabetización. A él no le gusta el concepto tradicional de alfabetización, que es realmente al único al que se adhieren los educadores hogareños. Ustedes quieren que sus niños sean lectores fluidos. Por eso usan la fonética. Dice que no tenemos que enseñar aritmética ni escritura porque tenemos pequeñas calculadoras y procesadores de texto. Pero ¿cómo puede uno usar un procesador de texto, a menos que esté alfabetizado? Luego dice: ¿Tenemos en realidad que tener a todo el mundo alfabetizado? Lo que quiere decir es que alguna gente, una élite, tiene que estar alfabetizada, pero el resto de la población puede ser semianalfabeta y usar la comunicación oral, como la música. En este nuevo orden social ¿quién decide los que van a ser alfabetizados y los que no?

El professor Oettinger no quiere imponer a los niños americanos los conceptos de alfabetización que fueron poducto de la economía y la tecnología del siglo 19. Lo que él prefiere olvidar es que tasa de alfabetización era elevada en los Estados Unidos de siglos anteriores, por la necesidad que había de ser capaz de leer la Biblia y conocer la Palabra de Dios. Para nuestros antepasados, el propósito de la educación era transmitir a la siguiente generación el conocimiento, la sabiduría y los valores de la generación anterior. Para nuestros antepasados, el hombre había sido hecho a la imagen de Dios, y por tanto, los niños tenían que ser educados con ese concepto en mente. Y para los educadores hogareños cristianos, ese es también el propósito de la educación.

No conozco a ningún padre que envíe a su hijo a la escuela para que no aprenda a leer, escribir ni a saber aritmética. Pero los profesionales de la cumbre nos están diciendo que esas son cosas que no todos los niños tienen que aprender. Entonces, ¿para qué tenemos la asistencia obligatoria a la escuela? Para que ellos puedan seguir pidiendo más miles de millones de dólares para la educación. ¿De qué tipo de educación están ellos hablando? Están hablando de clarificación de valores, multiculturalismo, educación sexual, educación de la muerte, educación de las drogas, entrenamiento de sensibilidad, evolución y una serie de muchos otros programas que no tienen nada que ver con el aprendizaje de las habilidadesacadémicas básicas. Para eso es para lo que se usa todo ese dinero.

Y por eso es por lo que los educadores hogareños han abandonado el sistema del gobierno. Las escuelas del gobierno ya no educan. Su actividad principal es la modificación del comportamiento mediante la manipulación emocional, y usan la psicoterapia para cambiar los valores y creencias del niño. Fue el profesor Benjamin Bloom, un científico del comportamiento de la Universidad de Chicago, el que estableció las normas y guías para la Educación Basada en los Resultados, en un libro titulado Taxonomy for Educational Objectives [Taxomomía para objetivos educacionales], publicado en 1956 y 1964. Decía:

Esta taxonomía está destinada a ser una clasificación de los comportamientos de los estudiantes que representan los resultados que se buscan con el proceso educacional. Lo que estamos clasificando es el comportamiento que se pretende en los estudiantes, las formas en que los individuos deben actuar, pensar o sentir como resultado de su participación en alguna unidad de instrucción.

¿Saben? cuando yo iba a la escuela pública allá por los años ’30, lo último que les interesaba a mis maestros eran mis sentimientos. Ellos no querían saber cómo me sentía con respecto a la lectura, la escritura o la aritmética. Lo que querían saber era si yo estaba aprendiendo lo que ellos me estaban enseñando y eso se hacía muy fácil con las pruebas periódicas. En aquellos días no había complejas pruebas nacionales para saber si uno podía leer o escribir. Su maestra del aula sabía si usted podía leer y escribir, y se aseguraba de que usted supiera leer y escribir porque ella sabía enseñar a leer y escribir, lo cual no es cierto para los maestros de hoy, muchos de los cuales son semianalfabetos ellos mismos. El profesor Bloom, al comentar sobre las dificultades que acarreaba un cambio de valores, hizo esta declaración significativa:

La evidencia señala convincentemente el hecho de que la edad es un factor que conspira contra los intentos de realizar una completa reestructuración de las actitudes y valores... La evidencia recopilada hasta ahora sugiere que una sola hora de actividad escolar bajo ciertas condiciones puede producir una reorganización general del comportamiento cognitivo y afectivo.

Así que ustedes ven lo que los educadores consideran su tarea principal: efectuar una reorganizacióm completa o general de  las actitudes y valores. Han salido a buscar a sus hijos y a librarlos de los valores y la moral que ustedes les han inculcado. Han salido a destruir la armonía familiar y a reemplazarla con el conflicto familiar. Eso no es lo que se supone que esté haciendo el sistema educativo de un pueblo libre. Pero no podemos detenerlos porque tienen el apoyo de los legisladores estatales y nacionales. Tienen acceso a miles de millones de dólares de los contribuyentes

Lo que él prefiere olvidar es que tasa de alfabetización era elevada en los Estados Unidos de siglos anteriores, porque había una necesidad de ser capaz de leer la Biblia y conocer la Palabra de Dios.

Dicho de manera sencilla pero acertada, la educación pública norteamericana se ha convertido en un sistema de gestión del animal humano. Su propósito es controlar las mentes y los movimientos de 40 millones de jóvenes norteamericanos, usando las leyes de asistencia obligatoria a la escuela para forzar a esos millones de niños a entrar a edificios del gobierno donde su tiempo puede ser reglamentado, y su acceso a una educación real, restringido. El control de la mente y del comportamiento es el verdadero propósito del sistema, que ahora se llama Sistema de Desarrollo de los Recursos Humanos. Y todo esto es pagado de buena gana por el contribuyente, que ha sido engañado para que crea que en esas escuelas públicas sucede algo que tenga algún valor real. La escuela pública se ha convertido en algo más parecido a un campo de concentración que a una institución de enseñanza. La psicoterapia es el método usado para desprogramar a los niños de los valores de su familia y reprogramarlos como animales obedientes. Son entrenados para convertirse en meros procesadores de información, con cabezas vacías y almas vacías.

Y es por eso por lo que el movimiento de enseñanza hogareña ha asumido una importancia que no puede ser sobreestimada. Ustedes son muy buenos en la enseñanza de la Historia de los Estados Unidos, lo que es esencial si hemos de defender nuestra herencia. La Declaración de Independencia, nuestro documento fundador, fue escrito por hombres creados a la imagen de Dios y para ellos. Es tan vitalmente importante porque define de qué se trata el gobierno. Permítanme leerles lo que ella dice.

Sostenemos que esas verdades son evidentes por sí mismas, que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre ellos están estos: la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Que, para asegurar esos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus justos poderes del consentimiento de los gobernados

Un lenguaje muy sencillo, directo, fácil de comprender. El propósito del gobierno es asegurar los derechos inalienables del pueblo, derechos concedidos por Dios, no por el gobierno. Mediante su actividad como educadores hogareños, ustedes están ejerciendo sus derechos inalienables, dados por Dios, de educar a sus hijos de acuerdo con sus propios valores y creencias religiosas.

La Constitución de los Estados Unidos está basada en los principios esbozados en la Declaración. Y es por eso por lo que continúa siendo nuestra protección final contra la tiranía política. Tenemos una Segunda Enmienda, el derecho de los ciudadanos a poseer y portar armas, que le da fuerza a la Consitutución. Sin esa Segunda Enmienda, la Constitución sería solo un pedazo de papel que los políticos podrían rasgar a voluntad.

En mi opinión, es el movimiento de las escuelas hogareñas el que me permite ser optimista sobre el futuro de los Estados Unidos. Más y más padres están descubriendo el valor de la libertad educacional, y más y más norteamericanos se están dando cuenta de la verdadera naturaleza de  eso en lo que se ha convertido la educación pública. Hace falta un incidente como el de Columbine para despertar a algunos de ellos. Pero incluso con una Columbine, la mayoría de los padres siguen enviando sus hijos a una escuela que apesta a influencias satánicas.

El movimiento de las escuelas hogareñas ha crecido poderosamente en la última década. En mi estado, Massachusetts, tenemos una organización estatal que comenzó sus convenciones hace diez años. Asistieron unas 300 personas a aquella primera convención, que se llevó a cabo en el sótano de una iglesia. Diez años más tarde, no había ningún hotel que fuera lo suficientemente grande para dar cabida a la convención, que atrajo a más de 3000 personas. Tuvieron que alquilar el Centro de Convenciones de Worcester, la segunda ciudad en tamaño en el estado.

Ese es el tipo de crecimiento que vemos en todo el país. Estamos recuperando nuestro país lenta, callada y persistentemente. Los educadores hogareños están ahora introduciéndose en la política y postulándose para cargos. Michael Farris, presidente de la Home School Legal Defense Association, ha fundado el Patrick Henry College, para educar a los maestros hogareños en cómo trabajar en el Congreso. Graduados de la enseñanza hogareña están incorporándose a todas las profesiones y a todas las carreras. Como están instruidos y saben más que el estudiante promedio de escuela pública, tendrán ventajas en el mundo laboral.

Ustedes son muy importantes para los Estados Unidos. Ustedes son los proveedores del currículo de Dios para sus hijos, que, de esa manera, estarán bien preparados para entrar en la batalla por preservar nuestra república constitucional. Ha requerido un tremendo esfuerzo y dedicación haber creado un movimiento tan vibrante, tan fuerte en sus convicciones, tan dedicado al desarrollo moral e intelectual de la generación futura. No albergo dudas en mi mente de que los grandes padres fundadores de este país quedarían enormemente complacidos al ver que ustedes están llevando adelante aquello por lo cual ellos lucharon y murieron. El precio de nuestra libertad ha sido la sangre de nuestros antepasados. Soldados norteamericanos han luchado y muerto en aras de los mismos ideales que ustedes están defendiendo en el frente interno.

El enemigo en está guerra está dentro de nuestras puertas. Y he aquí donde las batallas van a  desarrollarse: en los tribunales, en las legislaturas estatales, en el Congreso, en las universidades, en las artes, en los medios de difusión. Pero la educación decidirá adónde nos llevará la generación futura. Yo no estaré cerca para verlo. Pero sé que el espíritu de la libertad, que es tan fuerte entre los educadores hogareños, al final prevalecerá.

Que Dios les bendiga en todo lo que hagan para educar a una nueva generación de patriotas bien cimentados en la Biblia, la Declaración de Independencia y la Constitución de los Estados Unidos.

Han salido a buscar a sus hijos y a librarlos de los valores y la moral que ustedes les han inculcado. Han salido a destruir la armonía familiar y a reemplazarla con el conflicto familiar.

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