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El autogobierno bíblico

By Stiles J. Watson
September 18, 2007

Los hombres, en una palabra, deben estar necesariamente controlados, bien sea por un poder dentro de ellos o por un poder fuera de ellos; bien por la palabra de Dios o por el brazo fuerte del hombre; bien por la Biblia, o por la bayoneta. —Robert C. Winthrop, Addresses and Speeches on Various Occasions, 1852

Autogobierno bíblico: El deseo y la capacidad de someterse voluntariamente a la autoridad ordenada por Dios, sin ser forzado, coaccionado ni constantemente recordado de hacerlo. “Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y  mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer;mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.” (Génesis 2:15–17). Una vez que Adán hubo recibido la ley, dependía de él someterse voluntariamente a Dios y obedecer Su ley. Dios no colocó guardias alrededor del árbol para obligar a Adán a mantenerse alejado. Dios no puso una cerca alrededor del árbol del conocimiento del bien y el mal para mantener a Adán a una distancia prudencial. El autogobierno era el medio principal por el cual el hombre debía ser gobernado.

Sin embargo, ¿cómo fue gobernado Adán después que desobedeció a Dios? Fue expulsado del huerto y un guardia, armado de una espada de fuego, quedó colocado en la entrada:  “Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida” (Gn. 3:24). Como Adán no podía autogobernarse desde adentro, tenía que ser gobernado desde afuera. Ya no se podía confiar en que obedeciera, por eso tenía que ser reprimido.

Vemos el mismo principio obrando en la historia del pueblo israelita. Fueron establecidos en la Tierra Prometida como un pueblo con autogobierno. No tenían rey, ni parlamento, ni presidente que les rigiera, solo la ley de Dios. Moisés les había enseñado la ley y cómo tratar con justicia a los que se ponian fuera de la ley, y ahora tenían que poner en práctica todo lo que habían aprendido. Sin embargo, una vez más, el pueblo fracasó al ejercer el autogobierno. El pueblo abandonó a Dios y a Su ley, y como resultado, Dios les envió el juicio bajo la forma de otras naciones para que los gobernaran. Cuando estaban oprimidos en gran manera por las naciones impías, el pueblo clamó a Dios pidiendo misericordia. Entonces Dios envió a Sus mensajeros, los jueces, para librar al pueblo de sus enemigos y llamarlos a volver a la adoración del único Dios verdadero. El pueblo entonces se arrepentía, volvía a Dios (hasta que el juez moría) y el ciclo completo empezaba de nuevo (Jueces 2:11-19).

¿Cuál era el pecado del pueblo? “En estos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía” (Jueces 21:25). Este versículo y su similar, Jueces 17:6, son muy importantes para que podamos comprender el autogobierno bíblico, porque definen lo que no es el mismo. ¡Hacer lo que nos parece bien no es autogobierno! El autogobierno es, y siempre ha sido, estar restringido por la Palabra de Dios. Es el sometimiento y la obediencia voluntarios a la Palabra de Dios lo que nos hace a nosotros estar autogobernados.

Antes de seguir adelante, es importante comprender el papel de los jueces de Israel. No eran jueces en el concepto que tenemos hoy en día, sentados en un estrado y presidiendo un caso legal (aunque en Jueces 4:4-5 vemos al pueblo ir a Débora en busca de justicia). Se parecían más a los generales del ejército. Los jueces no tenían autoridad ni juridicción civil. No podían dictar ni hacer cumplir las leyes. Eran mensajeros de Dios, llamados por Dios para un propósito específico, pero temporal (librar al pueblo de sus enemigos). No obstante, sin tener en cuenta las veces que eran librados, ni cuán milagrosa era la liberación, el pueblo se negaba a ser gobernado por la ley de Dios. Como resultado, vemos que cada generación era más malvada que la de sus padres (Jueces 2:19).

Para concluir el período de los Jueces, los israelitas pidieron ser como todas las restantes naciones y que los gobernara un rey. Al estudiar 1 Samuel 8:5–20 obtenemos una clara comprensión de qué era exactamente lo que pedían los israelitas; estaban pidiendo que se los hiciera esclavos.

1 Samuel 8:5–20 5 Y le dijeron: He aquí tú has envejecido, y tus hijos no andan en tus caminos; por tanto, constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones.6 Pero no agradó a Samuel esta palabra que dijeron: Danos un rey que nos juzgue. Y Samuel oró a Jehová.7 Y dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos.8 Conforme a todas las obras que han hecho desde el día que los saqué de Egipto hasta hoy, dejándome a mí y sirviendo a dioses ajenos, así hacen también contigo.9 Ahora, pues, oye su voz; mas protesta solemnemente contra ellos, y muéstrales cómo les tratará el rey que reinará sobre ellos. 10 Y refirió Samuel todas las palabras de Jehová al pueblo que le había pedido rey.11 Dijo, pues: Así hará el rey que reinará sobre vosotros: tomará vuestros hijos, y los pondrá en sus carros y en su gente de a caballo, para que corran delante de su carro;12 y nombrará para sí jefes de miles y jefes de cincuentenas; los pondrá asimismo a que aren sus campos y sieguen sus mieses, y a que hagan sus armas de guerra y los pertrechos de sus carros.13 Tomará también a vuestras hijas para que sean perfumadoras, cocineras y amasadoras.14 Asimismo tomará lo mejor de vuestras tierras, de vuestras viñas y de vuestros olivares, y los dará a sus siervos.15 Diezmará vuestro grano y vuestras viñas, para dar a sus oficiales y a sus siervos.16 Tomará vuestros siervos y vuestras siervas, vuestros mejores jóvenes, y vuestros asnos, y con ellos hará sus obras.17 Diezmará también vuestros rebaños, y seréis sus siervos.18 Y clamaréis aquel día a causa de vuestro rey que os habréis elegido, mas Jehová no os responderá en aquel día. 19 Pero el pueblo no quiso oír la voz de Samuel, y dijo: No, sino que habrá rey sobre nosotros;20 y nosotros seremos también como todas las naciones, y nuestro rey nos gobernará, y saldrá delante de nosotros, y hará nuestras guerras.

Estos son los aspectos fundamentales del texto anterior :

  1. Los israelitas querían un rey que los gobernara, igual que todas las demás naciones (v. 5).
  2. Dios dijo que su deseo era un rechazo de Él como Rey de ellos (v. 7).
  3. Dios le dice a Samuel que le advierta al pueblo de lo que están a punto de hacer (v.9).
  4. Samuel les dice todas las maneras en que se  iban a esclavizar a un rey humano y que iban a clamar a Dios por causa de la opresion, pero que Dios no les escucharía (vv. 10–18).
  5. El pueblo se negó a escuchar y demandó que se les diera un rey  para que les gobernara, a fin de que pudieran ser como todas las demás naciones y para que el rey peleara las batallas por ellos (vv. 19–20).

1º de Samuel 8:5 prepara la escena para los versículos que siguen. Dios había librado milagrosamente a Su pueblo de la esclavitud en Egipto unos 350 años atrás, pero una vez que estuvieron en la Tierra Prometida se olvidaron pronto de Dios “y se fueron tras otros dioses” (Jue. 2:11).  El deseo principal del pueblo era ser como “todas las naciones” (1 Samuel 8:5) y tener un gobernante sobre ellos. Aunque Samuel entendió esto como una sentencia contra él, Dios comprendió los corazones del pueblo y supo que era a Él al que ellos rechazaban (v.7). A causa de sus corazones malvados, Dios estaba a punto de darles exactamente lo que querían, igual que había hecho en el desierto cuando los israelitas, insatisfechos con la provisión de Dios, clamaron pidiendo carne:

Números 11: 1820 18 Pero al pueblo dirás: Santificaos para mañana, y comeréis carne; porque habéis llorado en oídos de Jehová, diciendo: ¡Quién nos diera a comer carne! ¡Ciertamente mejor nos iba en Egipto! Jehová, pues, os dará carne, y comeréis.19 No comeréis un día, ni dos días, ni cinco días, ni diez días, ni veinte días,20 sino hasta un mes entero, hasta que os salga por las narices, y la aborrezcáis, por cuanto menospreciasteis a Jehová que está en medio de vosotros, y llorasteis delante de él, diciendo: ¿Para qué salimos acá de Egipto?

¡Dios les concedió los deseos de sus corazones malvados hasta que les salió por las narices!

Al leer 1 Samuel 8:10–18, vemos que Dios les advirtió a los israelitas que estaban a punto de esclavizarse, pero ellos no lo escucharon. He aquí la advertencia de Dios:

  1. El rey se llevará a vuestros hijos y los pondrá a su servicio donde quiera y cuando quiera que lo desee. Algunos como personal military, otros como trabajadores forzados para labrar sus campos.
  2. El rey se llevará a vuestras hijas para que sean cocineras y panaderas.
  3. El rey confiscará vuestros campos y viñedos y los tomará para sí.
  4. El rey diezmará vuestras mieses como impuesto.
  5. El rey tomará de vuestros siervos, vuestras siervas y vuestros rebaños y los hará suyos.
  6. Y por último, pero no menos importante: “seréis sus siervos.”

Observemos la tremenda libertad a la que ellos prefirieron renunciar, y ¿con qué objetivo?. Creyeron que al librarse del gobierno de Dios quedarían libres para hacer lo que es viniera en gana. Su deseo seguía siendo el mismo de Génesis 3:5; deseaban ser como dioses, determinando ellos mismos lo que era bueno y lo que era malo. Al rechazar a Dios, rechazaban al amo más justo y misericordioso que podían tener y lo reemplazaban con la injusticia y la opresión. Reemplazaban el autogobierno bíblico con el estatismo.

Eso es exactamente lo que hacemos cuando nos negamos a ser gobernados por la Palabra de Dios. Cambiamos la libertad por la esclavitud. Cambiamos la misericordia por la coerción. Esta es la situación en la que nos hallamos hoy.

Como al Señor y no a los hombres

Un buen ejemplo de a qué se parece el autogobierno bíblico se encuentra en la carta de Pablo a los efesios:

Efesios 6:5–95 Siervos, obedeced a vuestros amos terrenales con temor y temblor, con sencillez de vuestro corazón, como a Cristo;6 no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios;7sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres,8 sabiendo que el bien que cada uno hiciere, ése recibirá del Señor, sea siervo o sea libre.9 Y vosotros, amos, haced con ellos lo mismo, dejando las amenazas, sabiendo que el Señor de ellos y vuestro está en los cielos, y que para él no hay acepción de personas.

Todos nosotros somos personalmente responsables ante Dios por nuestras actitudes y acciones. No importa si somos siervos/esclavos u hombres libres/amos: todo lo que hacemos debe ser hecho “como a Cristo” porque Él es nuestro Amo que está en el cielo. Si hacemos lo bueno nada más que mientras los demás nos están mirando, lo único que hacemos es engañarnos a nosotros mismos, porque Dios está en todas partes, lo sabe todo y es capaz de discernir los pensamientos e intenciones del corazón (Sal. 139:7–12; Heb. 4:12).

Nada nuevo debajo del sol

Los Estados Unidos fueron el primer país fundado bajo los principios del autogobierno cristiano. Pero despues que se convirtieron en una nación el pueblo empezó a apartarse rápidamente de estos principios y a buscar a los gobiernos civiles para que les dieran sustento y protección. A medida que el pueblo de los Estados Unidos quería más de las autoridades civiles tenía que entregar más de su libertad. Vuelva a leer la advertencia de Dios a los israelitas cuando pidieron que un rey los gobernara. ¿Hay algo acerca de lo que Dios advirtiera al pueblo que nosotros ahora no tengamos?

El propio George Washington dijo varias veces que la forma americana de gobierno no funcionaría si el pueblo no fuera un pueblo cristiano.

Primer Discurso de Inauguración de George Washington. Ciudad de Nueva York, jueves 30 de abril de 1789. Énfasis añadido.). Es importante notar que cuando George Washington habla de “los principios puros e inmutables de la moralidad privada”, NO está hablando de una moralidad inventada por cada persona en particular. Antes bien, está hablando del autogobierno, del hecho de que cada persona aplique personalmente la ley moral de Dios a sus propias acciones. Esto se demuestra adicionalmente por su frase de que “las sonrisas favorables del Cielo no son nunca de esperar sobre una nación que desprecie las reglas eternas de orden y derecho que el Cielo mismo ha establecido”. Es solamente Dios quien ha establecido las “reglas eternas de orden y derecho”.

Similares declaraciones se encuentran en la Carta Circular dirigida a los Gobernadores de todos los Estados sobre la Desmovilización del Ejército, del 14 de junio de 1783, de George Washington: “Yo ahora elevo mi más ferviente oración... que con toda gracia le plazca disponernos a todos nosotros a hacer justicia, a amar la misericordia, y a comportarnos con esa caridad, humildad y templanza de mente que fueron las características del Divino Autor de nuestra bendita religión y sin cuyo ejemplo en todas estas cosas nunca podremos esperar ser una nación feliz” (énfasis añadido).



Topics: Biblical Law, Government

Stiles J. Watson

Stiles J. Watson is the Webmaster for the Chalcedon Foundation and is a graduate of the University of Houston, where he received a B.S. in Computer Science. He has also taken courses at Southeastern Baptist Theological Seminary. He and his wife homeschool their children and attend Hope Baptist Church in Wake Forest, NC. He is also the editor of FaithAndDominion.com.

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