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Conclusiones

By Andrea G. Schwartz
August 09, 2007

Enseñar es un negocio con riesgos. ¿Qué pasa si sus estudiantes no aprenden realmente las

verdades que usted quiere hacerles llegar? Peor aun, ¿qué pasa si sacan conclusiones “erróneas” de
lo que usted les ha enseñado, perspectivas muy diferentes a las suyas propias?
Si usted es un maestro en una escuela diurna, puede agrupar todo eso bajo la categoría de costo de
hacer negocios. Pero si usted es un educador en casa, sus graduados no se marcharán para volver
nada más que a las reuniones periódicas de la escuela. Como progenitor/maestro tendrá que verles
e interactuar con ellos de forma constante por el resto de su vida. Incluso puede que llegue un día a
jugar con los hijos de ellos.


Es precisamente por esa razón que la enseñanza doméstica tiene que ser el lugar donde todas las
cosas se enseñen a partir de y en relación con la Palabra de Dios. Como en la parábola del
sembrador, el progenitor que enseña en casa es responsable de sembrar buena semilla y debe estar
más interesado en la siembra que en el terreno donde cae la semilla. En ninguna parte de esa
parábola Jesús hace responsable al sembrador por la tierra donde termina la semilla. Si el hijo de
uno no está de acuerdo en todos los asuntos y preocupaciones, no es un fallo de parte del maestro.
Por la misma razón, si los niños lo ven todo igual que los padres sin ninguna desviación ni
desacuerdo, eso puede ser síntoma de que tanto el progenitor como el hijo estén equivocados. Lo
que trato de decir es que lo que ellos terminen pensando no valida ni invalida la enseñanza que
usted ha impartido. A lo que somos llamados es a ser fieles; la obra de regeneración y santificación
de sus vidas está bajo el control y la jurisdicción del Espíritu Santo.


Yo tengo opiniones bien definidas sobre eventos actuales con las que mis hijos adultos no siempre
están de acuerdo. En vez de evitar discutir sobre esas cosas, a menudo tenemos debates animados
que resultan en un potente alimento para el pensamiento. Raramente alteramos nuestras posiciones
por completo, pero yo estoy sorprendida todo el tiempo por lo bien razonados que están sus
argumentos. Justo hace poco, después de uno de esos diálogos con mi hijo, via correo electrónico,
le pregunté: “¿Cómo has podido llegar a ser tan inteligente?”. Su respuesta: “¡¡Mi maestra me hizo
pensar demasiado!!”


R. J. Rushdoony ejemplificó la enseñanza de la Palabra de Dios antes que la mera transmisión de
sus propias conclusiones. Sus escritos y conferencias no tenían como objetivo la persuasión. No, su
obra y misión eran mucho más vitales que eso. Él estaba convencido de que, si presentaba la
Palabra de Dios con fidelidad, el Espíritu Santo guiaría a sus oyentes a toda la Verdad. Nosotros, los
padres que enseñamos en casa, podemos aprender mucho de él, no solo de su mensaje (la Biblia
habla de todas las áreas de la vida y el pensamiento), sino de su método (que exponía abiertamente
todas las perspectivas desde un punto de vista ortodoxo y bíblico). Al final, ese es el tipo de legado
que vale la pena de anotar en el currículum de la vida de uno: ¿Fuimos hallados fieles en la crianza
de nuestros hijos, en la enseñanza y amonestación del Señor? 


Topics: Education, Family & Marriage

Andrea G. Schwartz

Andrea Schwartz is Chalcedon’s family and Christian education advocate, and the author of eight books including: A House for God: Building a Kingdom-Driven FamilyThe Biblical Trustee Family: Understanding God’s Purpose for Your HouseholdEmpowered: Developing Strong Women for Kingdom ServiceWoman of the House: A Mother’s Role in Building a Christian Culture, and The Homeschool Life: Discovering God’s Way to Family-Based Education. She’s also the co-host of the Out of the Question podcast, and Homeschooling Helps (weekly live Facebook event). She can be reached at [email protected]

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