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La importancia de las amistades: Stonewall Jackson y John Blair Lyle

By Richard G. Williams, Jr.
September 01, 2007

“Es amigo suyo el que lo acerca a Dios”

~ Abraham Kuyper

El año 2007 es histórico aquí en Virginia. Este año señala el aniversario 400 de la fundación de Jamestown y el cumpleaños 200 del más grande soldado cristiano que jamás haya nacido en los Estados Unidos: Robert E. Lee. Este año también se cumplen aniversarios especiales de una serie de eventos menos conocidos de Virginia: el aniversario 140 de la construcción de la Capilla Lee en el predio de la Universidad de Washington y Lee, y el aniversario 140 de la fundación de la Sexta Iglesia Bautista Monte Sión en Richmond. La Sexta Iglesia Monte Sión fue fundada por el famoso predicador esclavo John Jasper y fue, en su momento, la más grande iglesia afro americana en el Sur de la posguerra.

A menudo es con esos eventos históricos menos conocidos que Dios hace algunas de sus mayores obras. Tal es el caso de un anciano presbiteriano poco conocido que nació en noviembre de 1807. Igual que en el caso de Lee, el año 2007 marca el 200º aniversario de John Blair Lyle. Aunque la mayoría de los lectores han oído hablar de Robert E. Lee, dudo que muchos hayan oído mencionar alguna vez a Lyle. Pero si no hubiera sido porque la senda de Blair se cruzó providencialmente con la de Thomas J. Jackson, es dudoso que Lee y Jackson hubieran formado alguna vez su “sociedad modelo” o que alguien hubiera oído hablar alguna vez del hombre al que llamarían “Stonewall” (“Muralla de Piedra”).

John Blair Lyle1 era una columna de la Iglesia Presbiteriana de Lexington. Nacido en una familia que tenía una rica herencia cristiana, 2 el joven John Lyle fue educado en el amor a tres cosas: la persona de Jesucristo, Su iglesia y los libros. Su pastor, William Spottswood White, señalaba: “Era un gran lector de libros sobre la divinidad práctica, y especialmente de la Palabra de Dios”.3 Vendedor de libros por naturaleza, el genial y hospitalario solterón era querido por mucha gente de Lexington. Henry Boley, un hombre que un día llegaría a poseer la librería de Lyle, describió acertadamente a su predecesor: “Era un soltero, un librero, un hombre de mediana edad, con muy buenas relaciones, pero con una fortuna pequeña, que dedicó casi todo su tiempo libre a los intereses espirituales de su cargo. Fue constantemente el amigo de los afligidos, el restaurador de los descarriados, el consolador de los vacilantes, un verdadero pastor de las ovejas y su vida interior cristiana era tan elevada como era de activa su vida exterior”.4

Desde los alumnos del Instituto Militar de Virginia y el Washington College hasta algunos de los líderes más prominentes de Virginia, todos se reunían diariamente en la librería de Lyle en Main Street en busca de consejo espiritual y para discutir los aspectos principales de la teología, los temas de actualidad y la política. Una visita a la librería de Lyle a menudo daba la oportunidad de ver un grupo ilustre de hombres reunidos alrededor de la caja contadora. El Dr. William S. White (pastor de Lyle and Jackson), Daniel Harvey Hill (futuro general confederado), Francis Smith (superintendente del Instituto Militar de Virginia [VMI]), John T. L. Preston (abogado local prominente, fundador del VMI y hombre de confianza de Jackson), John Letcher (gobernador de Virginia durante la Guerra Civil5), y el primer superintendente de Educación de Virginia, William H. Ruffner6:  todos ellos visitaban la librería de Lyle a menudo y todos eran influidos, de una manera u otra, por el activo, sabio y a la vez afable Lyle.

Esta ecléctica asamblea de caballeros prominentes y estimados de Virginia se convirtieron en amigos cercanos, a los que un observador calificó de “un grupo vivaz, inquisitivo… con mucha afinidad, al que le gustaban las canciones alegres y las conversaciones agudas”.7 Francis Smith dijo una vez que entre esos visitantes del establecimiento de Lyle había “siempre las más placenteras y amistosas relaciones”. Otro cliente se refirió a la librería de Lyle como “una especie de club en el cual se reunían frecuentemente los profesionales del pueblo, los profesores y oficiales del College y el Instituto, y todo joven caballero de la comunidad”.  Como todos ellos se reunían en la librería de Lyle (“hierro que aguza al hierro”) en conversaciones y debates ricos y vigorosos, era evidente que Dios los estaba preparando intelectual y espiritualmente para lo que tendrían por delante en la siguiente década. Lo que menos se imaginaban aquellos hombres era que la muerte y la tormenta política en ciernes pronto los separarían y darían por terminada su amistad terrenal. Pero la influencia colectiva que este pequeño pero selecto grupo de hombres cristianos tuvo en la historia de Virginia es sorprendente cuando se le analiza.

John Lyle era ese tipo de hombre único que Dios levante de tiempo en tiempo y cuya influencia, aunque poco conocida o alabada, es profunda y duradera. Su influencia en Thomas Jackson fue tal que la esposa de Jackson escribió: “La historia de la vida del mayor Jackson en Lexington carecería de un eslabón fundamental en la cadena si no se menciona a su querido y honrado amigo cristiano Mr. John B. Lyle, con quien tenía mayor deuda espiritual  que con nadie, excepto su pastor”.8

Lyle no era conocido por su agudeza en los negocios. Según William Ruffner, su tío John era “demasiado aficionado a la sociedad, demasiado jovial, demasiado filantrópico para preocuparse mucho por el dinero o ser un negociante avispado. Lo hacía más feliz dar que ganar, y el tamaño de sus donaciones se medía por sus sentimientos antes que por su capacidad”.9 El sobrino de Lyle llamaba al establecimiento de su tío “librería automática”: Lyle con frecuencia dejaba la tienda sin seguro y sin personal mientras él recorría la comunidad haciendo la obra de Dios. Simplemente dejaba una tablilla en la tienda “con el encargo en la contadora de que si alguien deseaba algo de la tienda lo podía tomar, a condición de que hiciera la anotación correspondiente en la tablilla”.

Lyle tenía un deseo ardiente de ver las almas llegar a Cristo, y hablarles a los demás de sus necesidades espirituales era tan natural para él como respirar. White vio a Dios usar las maneras atrayentes de Lyle en forma sorprendente:

Era especialmente fiel y exitoso para dar con casos de interés religioso. Ningún otro hombre estuvo más libre de la “jerga religiosa de moda” ni poseyó menos austeridad. Podía hablarle a cualquiera sobre religión personal de una manera tan afable y suave que nunca ofendía, pero que a la vez era tan concreta que averiguaba lo que quería saber. Tengo razones para creer que habló y oró con más jóvenes cuando estos se hallaban parcial o profundamente movidos que ningún otro hombre  que yo conociera que no estuviera en el ministerio e incluso con muchos más que algunos ministros. Esos casos siempre me los informaba y a muchos los llevó a mi estudio. Su costumbre era sencillamente llevarlos y después retirarse, dejándome para que descubriera su estado mental lo mejor que podía.10

El don innato de Lyle de influir en los jóvenes del área era legendario. Su testimonio cristiano hacía que muchos de ellos pensaran en el destino eterno de su alma y buscaran a Cristo. Esa influencia sobre los jóvenes de Lexington benefició directamente a la familia del Dr. White:

“Fue por él que yo oí hablar por primera vez del caso del general Jackson, y también del de dos de mis propios hijos. Tengo motivos para considerarlo, en gran medida, como el padre espiritual de esos dos hijos, uno de los cuales ahora es un predicador del Evangelio y el otro está en el cielo”.11

La visión multigeneracional del Dr. White y el impacto positivo que tuvo su familia en la causa de Cristo es bien notable, como señaló Robert Hunter en su historia de la Iglesia Presbiteriana de Lexington:

El Dr. Henry White, el hijo menor del reverendo William S. White, tuvo en un largo y notable pastorado en Winchester. A su vez su hijo Hugo W. White se graduó del Washington y Lee 1889) y del Seminario Teológico de la Unión e ingresó en el campo misionero en China e 1894. Durante su cuarta década de servicio, en 1920, White temía que el movimiento comunista “si no es controlado, socave la civilización cristiana”. A fines de la década de 1980 era el comunismo, y no el cristianismo, el que empezaba a derrumbarse, debido en no poca medida a la labor espiritual de esos consagrados misioneros en China.12

La influencia y amistad de un hombre puede tener implicaciones históricas. Como escribió el Dr. George Grant: “Esa es una de las grandes lecciones de la Historia. Es sencillamente que en la providencia de Dios, las personas ordinarias son en un final las que determinan el resultado de los eventos humanos”.13

El secreto del éxito de Lyle como cristiano y el impacto que tuvo en los demás fue su relación con Cristo. “La fuente verdadera de la vida divina que llevó este hombre fue su fe. Su aceptación de cada jota y cada tilde de la Palabra de Dios, su confianza en el plan de salvación revelado en los Evangelios, eran literalmente absolutas e inconmovibles. Ni las especulaciones de los extravagantes los ni las cavilaciones de los escépticos valían para él un comino. Iba habitualmente de su gabinete a los servicios de oración, la iglesia e incluso a las visitas a los amigos”.14

Por tanto, fue fácil para este hombre ganar la confianza del cauto Thomas J. Jackson cuando este llegó a Lexington a mediados de agosto de 1851. Lyle vivía en su librería en un cuarto amueblado en la parte trasera del edificio. Esta solución le ahorraba a Lyle el gasto adicional de mantener una casa, y ese dinero lo daba a su iglesia y a aquellos que tenían necesidad. El hotel donde Jackson estaba alojado en sus primeros días en Lexington se hallaba al otro lado de la calle de la librería de Lyle. La pasión de Jackson por los libros lo llevó a Lyle y “raramente pasaba un día en que no visitara el lugar santo de Mr. Lyle”.15 Durante esas visitas la conversación se volvía a menudo a la religión y las verdades eternas. No transcurrió mucho tiempo sin que Jackson y Lyle se hicieran amigos  dedicados e íntimos.

Lyle jugó su papel en convencer a Jackson del poder de la oración, una práctica que haría legendario a Jackson. Los dos amigos discutieron el tema de la oración a menudo y Lyle le prestaba a Jackson libros sobre el asunto. Maggie Preston escribió una vez que Lyle “… puso en las manos de Jackson un pequeño volumen que ilustraba el poder de la oración… Era el registro de las experiencias de un humilde soldado inglés, que había pasado la mayor parte de su vida en el ejército y que, cuando se retiró del servicio, se dedicó a establecer escuelas dominicales en los suburbios marginales de Londres, las que con el tiempo se convirtieron en iglesias cristianas. La experiencia de ese hombre con el poder de la oración tenía un carácter de lo más notable, muy parecido al de Franke, el fundador de las famosas Escuelas de Huérfanos Halle. Yo hago alusión a este libro por la forma peculiar en que cautivó la mente de Jackson; porque con tanta frecuencia ello volvía a leer más tarde, que era evidente que su influencia era de largo alcance y duradera. Por tanto el simple acto del devoto anciano ¡puede haber tenido una consecuencia demostrable en los éxitos brillantes y los logros del héroe cristiano!”.16

Esos logros incluyeron los esfuerzos evangelísticos de Jackson a favor de los negros de Lexington, así como sus hazañas militares. Jackson atribuía sus dramáticas victorias frente a circunstancias desfavorables a “las bendiciones divinas de Dios” en respuesta a las oraciones. ¿Pudiera ser que este gozoso y anónimo bibliófilo que vivía en el cuarto trasero de una polvorienta librería, regalando mucho de su propia sustancia fuera al menos en parte responsable de los tremendos éxitos de Jackson en el campo de batalla? ¿Pudiera ser que este “pequeño volumen” fuera también una de las inspiraciones para la  famosa escuela dominical de Jackson para los negros?

El 2 de noviembre de 1856 Lyle sufrió una apoplejía que le dejó el lado izquierdo paralizado. Fue conducido a la casa de su buen amigo J. T. L. Preston, con el cual viviría los dos años restantes de su vida. El día después de la apoplejía, Jackson escribió a un pariente que creía que Lyle “pronto se despediría de este mundo”. Lyle se mejoró un poco en las semanas siguientes, aunque nunca recuperó su salud por completo. Este ataque ocurrió durante el gran avivamiento de 1856. Dada la reputación de Lyle con la oración y los asuntos espirituales, es probable que llevara tal carga de oración durante esta “temporada de avivamiento” que fuera más de lo que su cuerpo pudiera soportar. La condición de Lyle comenzó un segundo declinar en algún momento de 1857, aunque el Dr. White notó que “sus capacidades oratorias se mantuvieron casi hasta el final”. Incluso con una salud declinante, la mente y el espíritu de Lyle se mantuvieron fuertes. Retenía el gozo de la salvación e influía en los demás, como señaló White:

“Su cuarto de enfermo era frecuentado por grandes cantidades de amigos muy cercanos a él. Su relación con ellos estaba caracterizada por lo que debo llamar una alegría santificada que hacía de su cuarto un vestíbulo del cielo. Era de verdad agradable estar allí”.17

Finalmente, el 20 de julio de 1858, “una apoplejía final se lo llevó a un mundo mejor”. El mayor Preston era en aquel momento el superintendente actuante de la VMI y emitió una orden especial alabando el apoyo constante de Lyle al instituto. Aunque Lyle “murió como vivió, como un siervo sin temor y fiel de Dios”, también murió pobre. La suma total de sus bienes, después que se pagaron todas las deudas, ascendió a $40.92.18 Lyle recibió un entierro decente, pero no obstante J. T. L. Preston donó un espacio de la parcela de su familia en el cementerio de la Iglesia presbiteriana de Lexington19 y pagó su lápida, en la cual están inscritas las siguientes palabras: “Fue el amigo más sincero, el hombre de mayor coraje y el mejor cristiano que haya conocido el que erige esta piedra a su memoria”.20

La descripción que hizo Henry Boley de Lyle es quizás su mejor epitafio: “Con una motivación cálida hundía la mano en el bolsillo de sus pantalones, que era su caja contadora, sacaba una colección de monedas de plata y la dejaba caer en la caja de las ofrendas. Murió cuando llegó al fondo de su bolsillo. Pero mientras que su libro mayor tenía ganancias y pérdidas, su registro moral era rico en palabras y hechos… ningún amigo mejor han tenido para cuidar de ellos los débiles y errantes. Era indiferente al dinero porque le daba mayor importancia a la salvación de los hombres”.21

Los restos mortales de Lyle duermen en paz hoy en una tumba prestada, cerca de su querido amigo J. T. L. Preston. A pocos pasos yacen también muchos de aquellos robustos caballeros cristianos que frecuentaban la “librería automática” de Lyle en busca de amistad, debate y una “canción alegre”. Sobre el polvo de Jackson, su estatua de tamaño natural monta guardia vigilante sobre aquellos con los que compartió tantas horas de camaradería: el Dr. William White, el gobernador Letcher, el superintendente del VMI Francis Smith y el sobrino de Lyle, William H. Ruffner, junto con muchos otros cuyos nombres, aunque olvidados por la Historia, están registrados en el Libro de la Vida del Cordero. La guardia silenciosa de Jackson es auxiliada por la tierra que tanto él amó; como escribiera una vez su esposa: “Aquí las montañas montan guardia y vigilan alrededor del hogar y las tumbas de aquellos que me son más queridos en la tierra”. Bajo el dosel de viejos robles, en el cementerio que tiene siglos de edad, esos muertos en Cristo aguardan pacientemente la resurrección. Sus lápidas, desgastadas por los embates del tiempo, se mantiene como centinelas silenciosos de la verdad de que loas amistades, aunque sean temporales, tienen consecuencias eternas.

1. John Blair Lyle no debe ser confundido con el teniente John Newton Lyle, del 4° Regimiento de Virginia del Ejército de los Estados Confederados de América, que luchó bajo las órdenes de Jackson.

2. El padre de Lyle fue el capitán William Lyle, veterano de la Guerra de Independencia de los Estados Unidos , directivo del  Washington College y anciano de la Iglesia  Presbiteriana  de Timber Ridge . El padre de Lyle también fue uno de los primeros  Altos  Alguaciles  del condado Rockbridge. Los Lyle del condado Rockbridge habían emigrado  de Irlanda  y muchos  del clan se convirtieron en misioneros  y pastores.

3.  Rev. William S. White, D.D., Rev. William S. White, D.D., And His Times—An Autobiography  [El rev. William S. White, D.D. y su época. Autobiografía] (Richmond: Presbyterian Committee of Publication, 1891), 142.

4. Henry Boley, Lexington in Old Virginia  [Lexington en la vieja Virginia] (Lexington, VA: Liberty Hall Press, 1936), 96.

5. Letcher  fue, antes que Vriginia votara por la secesión, un decidido unionista, pero la solicitud de Lincoln de que Virginia proveyera tropas para “subyugar a los Estados del Sur”   fue más que lo que el gobernador de Virginia estaba dispuesto a soportar.

6. Ruffner era el sobrino de Lyle. Ruffner merece el crédito de haber iniciado la primera Escuela Dominical Presbiteriana para los negros  en Lexington. Entre 1849–1851,  fungó como capellán de la Universidad de Virginia. El padre de Ruffner, el Dr. Henry Ruffner, fue un clérigo presbiteriano y en una época fue presidente del Washington College.

7. Roster Lyle, Jr., “John Blair of Lexington and His Automatic Bookstore” [“John Blair de Lexington y su librería automática ”]Virginia Cavalcade, Richmond, Otoño de 1971, 23.

8. Mary Anna Jackson, Life and Letters of Stonewall Jackson—By His Wife  [Vida y cartas de Stonewall Jackson por su esposa] (Harrisonburg, VA: Sprinkle Publications,  reimpresión de 1892 ), 79.

9. Lyle, 20.

10. White, 140.

11. Ibid.  El capitán Hugh A. White, el quinto hijo del Dr. White, fue miembro de los “Liberty Hall Volunteers”” y formó parte de la inmortal Brigada  Stonewall. Antes de la guerra colaboró en las clases de la Escuela Dominical de Jackson. Resultó muerto en la segunda batalla de Manassas, y de acuerdo con Jackson, “cayó espada en mano, alentando bravamente a sus hombres”.

12. Robert Hunter, Lexington Presbyterian Church, 1789–1989 (Lexington, VA: Lexington Presbyterian Church, 1991), 133.

13. George Grant y Karen Grant, Letters Home  [Cartas a casa] (Nashville, TN: Cumberland House, 1997), 45.

14. White, 142.

15. Lyle, 23.

16. Elizabeth Preston Allan, The Life and Letters of Margaret Junkin  [Vida y cartas de Margaret Junkin] Preston (Boston: Houghton Mifflin, 1903), 81.

17. White, 142.

18. Lyle, 27.

19. Ese cementerio es conocido hoy como  el Cementerio Memorial Stonewall Jackson .

20. Lyle, 27.

21. Boley, 159.


Topics: American History, Theology

Richard G. Williams, Jr.

Richard G. Williams, Jr., is an award-winning Civil War author and a regular contributor to The Washington Times Civil War column. He is the descendant of three Confederate soldiers and a ninth generation grandson of the Reverend Roger Williams, the founder of the colony of Rhode Island and of the first Baptist church in America. His latest book, Stonewall Jackson: The Black Man’s Friend is currently being made into a documentary. Visit his website at www.SouthRiverBooks.com.

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