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Tolerancia e intolerancia

By R. J. Rushdoony
October 09, 2007

California Farmer 243:6 (18 de octubre de 1975), p. 36.

Un amigo fue acusado de intolerancia por su socio debido a que expresó su oposición a diversos delitos sexuales. Esa acusación lo incomodó un breve tiempo, hasta que se dio cuenta de que su acusador era él mismo salvajemente intolerante, en este caso: intolerante con el cristianismo.

La intolerancia es inevitable. Si fuéramos todos cristianos y viviéramos conforme a las Escrituras, seríamos intolerantes con el asesinato, el robo, el adulterio, el falso testimonio y otras ofensas contra el orden de Dios. Para nosotros serían una violación de nuestra libertad y orden bajo Dios, y una opresión de los hombres piadosos.

Si, por otro lado, somos pecadores y quebrantadores de la ley por naturaleza, seremos intolerantes hacia Dios y Su pueblo, intolerantes con las leyes y restricciones divinas precisamente porque toleramos y amamos el pecado.

Nuestro Señor habla con claridad de este asunto: “Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas”. Es necesario que amemos a Dios y a su Palabra y, si hemos sido regenerados, es nuestra naturaleza hacerlo así. Eso significa que, por lo tanto, aborrecemos el pecado y lo consideramos una ofensa contra Dios y el hombre y una violación intolerable del orden divino que debe ser eliminada.

De la misma manera, los que odian a Dios quieren eliminarlo a Él, y a nosotros, y a todo lo que sea un aspecto de la ley y el orden y la Palabra de Dios, de su universo. Son salvaje y amargamente intolerantes.

En otras palabras: lo que usted tolera dice mucho de quién es usted. Identifica sus lealtades y su amor, y clasifica su naturaleza claramente. Los hombres son conocidos no solo por sus frutos, sino también por sus amores y odios, su tolerancia e intolerancia.


Topics: Biblical Law, Culture , Gospels, The, Philosophy

R. J. Rushdoony

Rev. R.J. Rushdoony (1916–2001), was a leading theologian, church/state expert, and author of numerous works on the application of Biblical law to society. He started the Chalcedon Foundation in 1965.  His Institutes of Biblical Law (1973) began the contemporary theonomy movement which posits the validity of Biblical law as God’s standard of obedience for all. He therefore saw God’s law as the basis of the modern Christian response to the cultural decline, one he attributed to the church’s false view of God’s law being opposed to His grace. This broad Christian response he described as “Christian Reconstruction.”  He is credited with igniting the modern Christian school and homeschooling movements in the mid to late 20th century. He also traveled extensively lecturing and serving as an expert witness in numerous court cases regarding religious liberty. Many ministry and educational efforts that continue today, took their philosophical and Biblical roots from his lectures and books.

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