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¡Teocracia ahora!

By Christopher J. Ortiz
May 02, 2007

El Dr. Gary North escribió: “El motivo principal de desacuerdo en la Reconstrucción Cristiana ha sido la doctrina de la iglesia institucionalizada“. Esta es la tesis de su volumen contra Rushdoony Tithing and Church (El diezmo y la Iglesia), una alusión obvia del libro de Rushdoony Tithing and Dominion (El diezmo y el dominio). En su libro North dedica ríos de tinta a revelar una supuesta evasión de la iglesia institucional por Rushdoony. Añadido a esto hay un débil argumento teológico de la primacía de la iglesia institucional. Este libro no es un buen ejemplo de la lucidez de pensamiento que aparece en muchas de las restantes obras del Dr. North.

Es en la página 91 donde el Dr. North debió haber esperado antes de asegurar a su lector que la aversión de Rushdoony por la iglesia institucional como mejor se demuestra es con la ausencia de escritos suyos sobre eclesiología.

Rushdoony nunca ha escrito un libro sobre la doctrina de la Iglesia, ni espero que lo haga…1

Se precipitó al hablar. El Dr. North hizo esta afirmación en 1994. Ese mismo año Rushdoony publicó su obra en dos tomos Systematic Theology (Teología Sistemática), en la cual dedica 114 páginas a una sección titulada “La docrina de la Iglesia“.

Iglesia vs. Familia

El Dr. North está en lo cierto al decir que su doctrina de la Iglesia institucional y el énfasis de Rushdoony en el individuo y la familia son las líneas divisorias centrales en la Reconstrucción Cristiana. También son la razón primaria para la falta de comprensión que hay alrededor de la teocracia. Un énfasis institucional puede ser esgrimido con más facilidad como una justificación bíblica para adelantar el Reino por medio d ela política y conduce naturalmente a la eclesiocracia (gobierno por la Iglesia) y al estatismo, mientras que la doctrina de Rushdoony sobre la Iglesia y la familia tiende hacia la teocracia (gobierno de Dios) y a la libertad.

Esto se hace patente cuando el Dr. North cita a Mateo 10>34-39 para apoyar su exaltación de la Iglesia institucional:.

No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa. El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará.

Al comentar este versículo, North dice: “Jesús lo dice bien claro: el falso ideal de la familia soberana es una amenaza mayor para el cristianismo que el falso ideal del Estado soberano. Jesús nunca habló del Estado en términos tan duros”.2

En realidad, Mateo 10:34-39 no es un ataque a la familia,; está lejos de serlo. El propio hecho de que el Evangelio de Jesucristo pueda convertir en enemigos a los miembros de la propia casa de uno y que uno no pueda amar al padre o la madre más que a Cristo, muestra que la autoridad del Evangelio está por encima de las instancia humana más autoritativa y básica, la familia. Sin embargo, al igual que en otros ejemplos bíblicos en que se les pide a los discípulos que pongan las manos sobre el arado y lo dejen todo atrás, el significado es soteriológico. Por tanto, una familia redimida no necesita estar dividida. Más bien es la fortaleza del Reino de Dios.

Cristo no dijo que había venido a poner a “un feligrés contra su pastor“ ni a “un ciudadano contra su gobernador“, sino a “un hombre contra su padre”. Nuestro Señor está hablando hiperbólicamente al desafiar a la institución final del hombre, la familia. Este también es el argumento del Dr. North. Al desarrollarlo, está reconociendo que la familia representa la más grande “amenaza“ porque representa la más grande autoridad. Cristo divide a la institución humana más elemental, pero, una vez redimida,  la familia se convierte en  el instrumento principal para edificar el reino glorioso. Y como dijo, el Estado —y la Iglesia, dicho sea de paso— no son ni siquiera mencionados.

La Reconstrucción Cristiana es un movimiento familiar

Con frecuencia usted puede determinar la importancia de un tema bíblico considerando los castigos y bendiciones que lleva asociados. Eso es particularmente cierto con respecto a la familia:

Igualmente el que maldijere a su padre o a su madre, morirá (Éxodo 21:17).

Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra (Efesios. 6:2–3.)

Las consecuencias bíblicas de maldecir o de honrar a los padres de uno son extremas> muerte o vida prolongada. No hay semejantes amenazas ni bendiciones por deshonrar a la Iglesia institucional ni al Estado. Hay un castigo así por hablar mal del Espíritu Santo, pero fuera de la Divinidad, es la familia la que acarrea los mayores castigos por traición en las Escrituras. Esta es la evidencia más certera del carácter primordial de la familia como cuerpo básico de gobierno en la Historia. Cuando usted considera el énfasis actual en la Iglesia y el Estado y su explotación mutua de la familia, debe serle obvio que vivimos en tiempos traicioneros.

La Reconstrucción Cristiana es en esencia un movimiento familiar. Convertirlo principalmente en un asunto de reforma de la Iglesia y el Estado es perder de vista el quid del mandato bíblico.3

La respuesta al predominio del poder, tanto en la Iglesia como en el Estado es la teocracia, o sea, el gobierno de Dios. Cuando se examina adecuadamente esta definición genuina de la teocracia, podemos ver con facilidad cuán lejos estamos de la forma de gobierno bíblica. Por ejemplo, mientras que las Escrituras dicen que el diezmo es para el Señor, el cristiano promedio considera que su parte debe ir a la Iglesia institucional. El “gobierno de la Iglesia“ domina la cosmovisión cristiana y de igual forma representa  la supuesta amenaza para los que están fuera de la comunidad cristiana. Nuestro problema es exactamente como decía Rushdoony: los “linderos“ han sido movidos (Deuteronomio 19:14, 27:17; Proverbios 23:10-11).

SI examinamos los linderos de la Palabra de Dios, encontramos que hemos alterado los linderos en gran medida. Los dos centros de la actividad humana son ahora la Iglesia y el Estado. A los efectos prácticos el gobierno está ahora en sus manos... Dios coloca el impuesto y poder básicos en manos de la familia. El santuario recibía un décimo del diezmo, de modo que la Iglesia no pueda ser una superpotencia, y el gobierno civil está limitado a medio siclo por cada varón de veinte años en adelante (éxodo 30:11-16).4

La jurisdicción de la familia está puesta en entredicho. Tanto la Iglesia como el Estado han extendido paulatinamente sus linderos mientras aumentan su explotación de la familia por la vía del Estado inflacionario —que requiere dos entradas de dinero— y la megaiglesia, que absorbe el tiempo de la familia.. Es interesante notar que muchos de los primeros pensadores de la Reconstrucción Cristiana se apartaron de las tesis de Rushdoony para buscar el Reino a través de la política o exaltando a la Iglesia institucional.

La teocracia y la ley bíblica

Desde  hace ya varios años nuestra declaración de misión, a menudo ignorada, ha dicho: “La Ley bíblica no puede ser impuesta, debe ser abrazada“.5 Digo “ignorada“ porque nuestros críticos repetidamente nos acusan de querer imponer la ley bíblica a una sociedad que nada sospecha. Sin embargo, es probable que no sea suficiente decir que la ley bíblica debe ser abrazada. Entramos en la misma esencia de la doctrina cristiana del Nuevo Pacto cuando analizamos el papel de la ley bíblica en la sociedad.

Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré; seré a ellos por Dios, y ellos me serán a mí por pueblo (Hebreos 8:10 énfasis añadido)

¿Cómo uno define el Nuevo Pacto? Para la mayoría de los teólogos, es la redención de Cristo en relación con el pecado, es decir, un pacto de gracia. Sin embargo, la redención del pecador está más adelante en el texto.

Porque seré propicio a sus injusticias, y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades(Hebreos 8:12)

El Nuevo Pacto representa más que la restauración del pecador a la salvación; eso sería colocar al hombre en el centro. En su sentido más amplio, el Nuevo Pacto es más bien una restauración a la obediencia— es decir, los hombres salvos son hechos fieles— con un claro énfasis en el traslado de la ley, de la piedra al corazón del hombre. Es por esa razón que los escritores del Nuevo Testamento minimizan las “ceremonias“ y los aspectos ceremoniales de la ley. Sin el acompañamiento de la ley y la teología, el énfasis litúrgico en la ceremonia visual puede desviar la atención del creyente hacia algo externo. En el presente, algunas de las iglesias más antinomialistas y comprometidas usan las liturgias más elaboradas. Invalidan el mandamiento de Dios con sus tradiciones (Mateo 15:3, 6).

El pacto que Dios dijo que haría con la casa de Israel consistía en poner las leyes en sus mentes y escribirlas en sus corazones. Luego Dios sella esa obra milagrosa del Espíritu (Ezequiel 36:27) al declarar> “Y les seré a ellos por Dios y ellos me serán a mí por pueblo“. Ahí está la estructura esencial del cristianismo: Dios-Ley-Individuo. Esa es la esencia de la teocracia, es decir, del gobierno de Dios. Es directo, inmediato, y no está eclipsado por la eclesiocracia ni el estatismo.

La familia como maestra

En una teocracia bíblica la familia es el instructor primordial del autogobierno. Vemos esto en los bien conocidos mandamientos dados a los padres en Deuteronomio de enseñar a sus hijos la ley de Dios.

Para que temas a Jehová tu Dios, guardando todos sus estatutos y sus mandamientos que yo te mando, tú, tu hijo, y el hijo de tu hijo, todos los días de tu vida, para que tus días sean prolongados.…  Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes (Deuteronomio. 6:2, 7)

Aquí no se menciona a los sacerdotes. Los padres realizan esta función didáctica al hacer la ley accesible, incluyendo su discusión durante las actividades diarias mundanas de la comunión en la casa, comer, ir a la cama, levantarse, y viajar. El significado obvio es una aplicación integral de los mandamientos de Dios. Esta aplicación amplia y detallada de la ley por medio de un padre está ejemplificada mejor en las reiteradas introducciones de muchos capítulos del libro de los Proverbios:

Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre (Prov. 1:8); Hijo mío, si recibieres mis palabras, y mis mandamientos guardares dentro de ti (2.1);  Hijo mío, no te olvides de mi ley, y tu corazón guarde mis mandamientos (3:1);  Oíd, hijos, la enseñanza de un padre (4:1); Hijo mío, está atento a mis palabras; inclina tu oído a mis razones (4:20); Hijo mío, está atento a mi sabiduría (5:1);  Hijo mío, guarda mis razones, y atesora contigo mis mandamientos (7:1)

Son los padres los que deben criar a sus hijos “en la disciplina y amonestación del Señor“ (Efesios 6:4). De hecho, como muestran los Proverbios, los padres deben personificar la ley como representantes del pacto. Eso se demuestra con la exhortación constante de Salomón a su hijo a escuchar la ley de su padre. Aunque esto no es una validación del hiper-patriarcado, sí revela el papel autoritativo que juegan los padres como fuente de instrucción bíblica ara sus hijos. La clave es que los padres deben preparar a sus hijos para el autogobierno en términos de la ley de Dios y no de una vida de obediencia a sus padres.

El conocimiento de Dios

Volviendo a la discusión inspirada del Nuevo Pacto en el libro de Hebreos, vemos que el beneficio directo de escribir la ley en el corazón y la mente es que todos “conocerán“  al Señor

Y ninguno enseñará a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; porque todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor de ellos (Hebreos 8:11).

El tema de “conocer a Dios“ ha sufrido mucho abuso a manos de los movimientos cristianos. Por ejemplo, el conocimiento de Dios a menudo es confundido con un conocimiento  mayormente espiritual de Dios mediante la oración y los ejercicios espirituales. Los carismáticos tienden a llevar la delantera en este enfoque pietista. No es raro oírlos referirse al Salmo 103:7: “ Sus caminos notificó a Moisés, y a los hijos de Israel sus obras“ (énfasis añadido).

El carismático dice que desea conocer los caminos de Dios, pero la teología carismática enfatiza el poder espiritual y las demostraciones, o sea, las “obras“. Los caminos de Dios se convierten en algo espiritual, oculto bajo la lectura simple del  texto, lo que es a menudo la razón por la cual necesitan un ejército de profetas modernos para interpretar y revelar esta forma sobrenatural de vida. Pero el escritor de Hebreos en su cita de Jeremías muestra claramente que el conocimiento de Dios está directamente vinculado a la ley escrita en el corazón.

 El espejo de la Ley de Dios

Conocer los caminos de Dios como los conoció Moisés depende de conocer las leyes de Dios que se le dieron a Moisés. Pero Israel no pudo penetrar la nube que flotaba sobre el Monte Sinaí, por tanto, siempre vería su relación con Dios en términos de relámpagos y truenos, maná del cielo y agua de la roca. Solo conocería Sus obras y despreciaría la ley escrita por Su dedo. El paralelo con la cristiandad moderna es abrumador.

Para conocer la manera en que Dios hace algo, uno debe primero conocer Su ley: “En tus mandamientos meditaré; consideraré tus caminos“ (Salmo 119:15). Por tanto, nuestro pietismo y ejercicios espirituales deberían estar dedicados a la contemplación de la ley de Dios (cf. Josué 1:8; Salmo 1:2; Salmo 119) como un medio para la aplicación total de la ley y Palabra de Dios  a cada área de la vida. Aunque la ley está escrita en nuestros corazones y mentes, se nos da el texto escrito de la ley de Dios para ayudarnos a definir y personalizar esa ley:

Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural.Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era (Santiago 1:22-24, énfasis añadido).

Nos engañamos a nosotros mismos si no obedecemos la ley y palabra de Dios. La ley escrita está para servir de “espejo“  a fin de que no nos olvidemos de cómo somos. Esté seguro de que será un hombre desaliñado el que nunca  se mira en el espejo. Solo puede hacer los arreglos adecuados a su apariencia si revisa cada día su imagen. Tenemos la ley escrita dentro de nuestro ser, pero debemos revisar diariamente nuestra apariencia en el espejo de la ley y Palabra de Dios para poder comparar y mejorar.

¡Teocracia ahora!

Esa es la esencia de vivir en una teocracia. Es tremendamente personal y comienza en la niñez también debe ser perpetuada durante las generaciones sucesivas por familias fieles. Este sistema sencillo pero potente controla también a los que no lo aceptan, porque uno nunca se puede escapar de “los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta“ (Hebreos 4:13). Cuando no honran ni obedecen los mandamientos escritos de Dios, el incrédulo y el cristiano infiel sufren histórica y eternamente. Su aversión a la teocracia es costosa.

Mi esperanza es que esa tendencia pueda ser revertida de alguna forma por una mejor definición de la teocracia. Para el secularista, la teocracia está simbolizada por la entronización de los Diez Mandamientos en una corte, escuela o edificio público. Es por eso que consideran la remoción del monumento del Juez Roy Moore como una victoria del movimiento de resistencia a la teocracia. Sin embargo, la teocracia e más bien la entronización de la ley de Dios en el corazón del creyente, al paso que todos los mediadores humanos, estén en la Iglesia o el Estado, son eliminados y el gobierno directo de Dios es establecido sobre el hombre autogobernado. La teocracia no pertenece al futuro. ¡La teocracia es ahora! En mi casa, relaciones y trabajo, no opero en términos de democracia, oligarquía, monarquía, socialismo ni comunismo. En todas las esferas de la vida debo estar gobernado por el gobierno directo de Dios (theos-kratos) por medio de la escritura directa de Su ley en mi corazón y mente.

Aunque yo pueda vivir en una  sociedad no-teocrática, de todas formas me sentiría compelido a responder inmediatamente al gobierno de Dios en mi vida, familia y vocación. Incluso la libertad que busco es la libertad para servir a Dios más fielmente. Si me involucro en la política, es solo para preservar esa libertad.

Rushdoony luchó por la teocracia. Sus escritos agotan la discusión de la primacía de la familia y el individuo sobre la Iglesia institucional y el Estado. Viajó miles de millas hasta incontables tribunales para defender los derechos de las familias a proveer para sus niños una educación que fuera explícitamente cristiana. Dedicó su vida a la exposición de la ley bíblica y nuca buscó un puesto político. Era un teócrata que vivía en un mundo dominado por el Estado humanista. Estaba en el mundo, pero ciertamente no era del mundo. Sigamos ese ejemplo y busquemos por siempre el reinado de Cristo.

1. Gary North, Tithing and the Church (El diezmo y la Iglesia)  (Tyler, TX: Institute for Christian Economics, 1994), 91.

2. Ibid., 93.

3. R. J. Rushdoony, “Christian Reconstruction as a Movement” (La Reconstrucción Cristiana como movimiento) The Journal of Christian Reconstruction: Symposium on Reconstruction in Church and State, Vol. XIV, No. 1, Otoño de 1996, 9.

4. Ibid., 7.

5. Ver http://chalcedon.edu/about/vision/.


Topics: Biblical Law, Church, The, Education, Family & Marriage

Christopher J. Ortiz

Christopher J. Ortiz is a freelance writer and independent communications specialist servicing churches, ministries, and publishers.

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